Las cimas o las simas de la patria

Para Rafael de la Lanza.
Un auténtico hombre de de izquierda.

En la historia de México, hay tres fechas que marcan de manera definitiva nuestro destino. Son esos jalones los que definieron el rumbo del país y nos hicieron independientes y libres.

El primero de ellos es cuando el generalísimo don José María Morelos y Pavón convoca al Congreso de Anáhuac en Chilpancingo, elaboran la primera Constitución y se promulga. México sería a partir de esa fecha un Estado de derecho. La Constitución de Apatzingán es sin duda el documento más puro de nuestra historia. En ella no hubo intereses bastardos, estaba solo el interés de la patria y de hacer de los mexicanos hombres libres.

Morelos es sin duda una de las figuras ecuménicas de América, el gran estratega político y militar que la patria requería en esos momentos, lleno de grandeza y de ideales reunió a algunos de los hombres más lúcidos cercanos a él y se propuso crear un Estado de derecho independiente y soberano. Nunca en la etapa de la independencia brillaron más fuertes los ideales de esos hombres alucinados por el amor a la patria y a la libertad.

El segundo momento histórico definitivo para el país es cuando Don Benito Juárez, el presidente de México, fusila en el Cerro de las Campanas en Querétaro a Maximiliano, ese hombre que concretaba las ambiciones de Napoleón Tercero para establecer un imperio dominado por Europa en el continente americano.

La muerte de Maximiliano pone fin a la ambición de los europeos de tener colonias en América. La certeza del hombre de Guelatao de que le asistía el derecho de una nación independiente y de un estado laico fueron definitivos; sumados a la terquedad de defender la patria, los valores y la soberanía nacional triunfaron sobre uno de los mejores ejércitos del mundo, como se hacía llamar el ejército francés. Ese es sin duda otro momento que define nuestro destino. En el que triunfa el patriotismo de un grupo de liberales soñadores, Estado laico que se acababa de crear y la reciedumbre de Juárez que nos devuelve la independencia y la soberanía que había sido tan ultrajada por los traidores que fueron a Miramar a ofrecer nuestro país a un príncipe europeo.

El tercer momento que encuentro en la historia, en el cual se juega la independencia económica y política de nuestro pueblo, es cuando Lázaro Cárdenas, el presidente patriota, firma el decreto de la expropiación petrolera y nos libera del yugo de las famosísimas Siete Hermanas, las compañías petroleras Shell, Exxon, Texaco, etc.

Al devolvernos la explotación del petróleo y las ganancias que producía el oro negro, Lázaro Cárdenas permite que el país cuente en el mediano plazo con este estratégico combustible que le permite sobrevivir en lo económico y negociar en lo político. En todo el siglo XX y lo que va del XXI, las principales guerras han sido por garantizar el abastecimiento de combustibles para los países desarrollados. A Irak lo invaden no por las torres gemelas, lo invaden para quedarse con los yacimientos de petróleo más ricos del Golfo Pérsico y asegurar el abastecimiento de energéticos de los Estados Unidos.

Estos son para mí momentos positivos y cruciales de la historia de México. Hubo muchos otros actos, el Grito de Independencia que ahora conmemoramos, la firma del Plan de Guadalupe, la derrota de Victoriano Huerta. Existieron también actos hostiles contra la patria, como la derrota de la Gran Tenochtitlán, la venta que hace Antonio López de Santa Ana de nuestro territorio, las invasiones americanas y europeas, el golpe de estado que da Victoriano Huerta y el asesinato de Francisco I Madero o la reforma energética que se aprobó este año y que nos devuelve a la condición de espectadores de la explotación del petróleo mexicano y siervos de las «siete hermanas». Así es la historia llena de claroscuros, de luces y sombras.

Autor invitado.