Las herencias de Chema: inundaciones y banquetas

Durante las últimas semanas estamos recibiendo gran cantidad de lluvias en muchos puntos de la ciudad, la región y el estado. Esta situación tendrá un gran número de beneficios, aparte de las ventajas evidentes de las lluvias, como son el recargar las cuencas de nuestros ríos, embalses y acuíferos; generar energía y hacer que el suelo de nuestros bosques esté húmedo y sobre él aparezcan un gran número de especies vegetales. El agua de lluvia genera una serie de beneficios para toda la comunidad Por otro lado, el drenaje pluvial; es un «sistema de tuberías, sumideros e instalaciones complementarias que permite el rápido desalojo de las aguas de lluvia para evitar posibles molestias, e incluso daños materiales y humanos debido a su acumulación o escurrimiento superficial».

Esta descripción, hecha por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) también puntualiza que el agua de lluvia, a pesar de ser un recurso que satisface las necesidades básicas de las personas, podría tener efectos adversos cuando hay tormentas e inundaciones.

Por lo tanto, en ciudades y poblados se ha hecho obligatorio el desarrollo de tecnologías que controlen el agua proveniente de las lluvias para «disminuir los efectos de los fenómenos climáticos».

Tomando en cuenta los dos puntos anteriores, podríamos pensar que Saltillo, una ciudad sembrada en los primeros lugares de calidad de vida, de inversión, de modernidad, tiene controlado el manejo de las aguas de lluvia, pero no. La ciudad no tiene controlado este tema por muchas razones. Entre ellas un deficiente manejo en la proyección de la ciudad. Fraccionamientos desarrollados en zonas de alto impacto pluvial, infraestructura inadecuada, sin olvidar los permisos que incorrectamente han otorgado las dependencias municipales, estatales y federales. Pero principalmente las municipales que, debemos suponer, conoce la ciudad y sabe cómo se comporta.

La verdadera calidad de vida de Saltillo ha empeorado sistemáticamente debido a su crecimiento descontrolado. Contaminación, ruido, calles inundadas y drenajes rebasados se han venido aceptando resignadamente como una penitencia a raíz del desarrollo urbano de la ciudad. Controlar esta problemática por parte de la futura administración será una ardua tarea para el Fraustro y su equipo. El problema del agua de lluvia trae como consecuencia el arrastre de montañas de basura. Produce concentración de desechos, afluentes y residuos difíciles de absorber y eliminar.

Y Saltillo con todo su vigor económico y la concentración de trabajo y riqueza que genera aún no puede ofrecer a sus habitantes una calidad de vida razonable, justa y equilibrada.

El hoyo de siempre

Todas las administraciones dan la nota cuando deciden cambiar las banquetas del «Centro». Surgen problemas, las hacen de mala calidad, algunos están de acuerdo y otros no y en la siguiente administración se repite la historia. Pero qué hay con las banquetas del resto de la ciudad, ¿por qué el ayuntamiento no se ocupa ni se preocupa por estas banquetas? o ¿por qué a los dueños de los predios no se les obliga a que cumplan con la ley que manda el Reglamento de Desarrollo Urbano y Construcciones de Saltillo?

Esta mala herencia que ya no es tomada en cuenta «por costumbre», pero es una gran oportunidad para que el alcalde electo, José María Fraustro Siller, haga cosas notorias para la ciudad: como orden en las banquetas existentes y la construcción de las banquetas faltantes. Chema le dará y le regresará un espacio importante para los de «a pie»; la movilidad al peatón, orden e higiene a la ciudad y seguridad para quienes las caminan.

Las banquetas representan la infraestructura urbana más importante para la movilidad de las personas. En ellas todas las personas, sin importar condición física, género, edad, nivel socio-económico, acompañante, etcétera, satisfacen sus necesidades de desplazamiento al conducirse sobre ellas para llegar a un destino.

La trascendencia de las aceras en la ciudad es decisiva, a pesar de que por años se ha desestimado su relevancia al ser simplemente segregadas a convertirse en la parte residual de una calle en todos los aspectos (accesibilidad, tamaño, calidad, etcétera).

Algunos especialistas urbanos afirman que las banquetas pueden demostrar mucho de una sociedad.

Una ciudad con banquetas pequeñas, en mal estado o incluso inexistentes evidencian falta de empatía e inclusión hacia personas para las cuales el caminar es su principal medio de transporte, personas con discapacidad, adultos mayores, niñas y niños.

Sin embargo, una ciudad con banquetas amplias y de gran calidad demuestra un gran compromiso con todas las personas que la habitan, hace de sus trayectos una actividad placentera y de disfrute, invita a moverse a pie más seguido e incluso hace más bella, mejoran las condiciones para una mejor movilidad activa de la ciudad.

Las ciudades, deben cambiar la manera de ver y, sobre todo, de construir sus banquetas. Jan Gehl, uno de los grandes urbanistas de los últimos tiempos, menciona que las ciudades y sus calles son de las personas y bajo ese principio es que se deben diseñar.

Quienes se dedican al diseño de las ciudades deben iniciar pensando siempre en las personas, darles todas las facilidades para sus desplazamientos peatonales de manera agradable y segura para así edificar poco a poco ciudades más humanas.

Con información de Mapasin, Plaremesa, Acciones Ecológicas y Conagua.