Locos

No están enfermos de diabetes, cáncer o hipertensión. Su enfermedad no está en el cuerpo; están heridos del alma, lastimados de su espíritu. Son «Los renglones torcidos de Dios» a que hacía mención el escritor español Torcuato Luca de Tena, hombres y mujeres olvidados por todos, pero estigmatizados por una sociedad que los tilda de «locos».

Y es que la línea que divide la locura de la cordura es tan imperceptible, que en ocasiones se cruzan sus fronteras sin notarlo, porque ¿Quién decide la razón? No olvidemos que los humanos estamos gobernados por los deseos y los hábitos, ambos insuficientes para dar respuesta a los dos entes más complejos que existen y nos agobian: la mente y el universo.

Los datos son abrumadores. Un 12% de la población mundial, alrededor de 400 millones de personas, sufren trastornos mentales y neurológicos u otro tipo de problemas y que las enfermedades mentales más comunes son la esquizofrenia, Alzheimer, epilepsia, alcoholismo y depresión. Por su parte, en México las cifras están para volverse locos, pues se sabe que, en algún momento de su vida, un 25% de la población sufrirá de algún trastorno mental y que los principales son la depresión, trastorno bipolar; esquizofrenia, trastorno obsesivo compulsivo y trastorno de angustia y pánico, aunque solo el 5% sabe que las padece y recibe algún tipo de tratamiento. Ojo que de estas cifras hay que excluir a esos que no padecen ninguno, pues a ellos lo único que les ocurre es que son simplemente idiotas, un mal contagioso que alcanza proporciones de pandemia.

Se sabe que lo que causa la locura y los trastornos mentales tiene orígenes que van desde lo biológico hasta procesos humanos: el abuso del alcohol y drogas, baja autoestima, estrés, divorcio, pérdida del empleo y otras causas. Y aunque la ciencia médica muestra avances notables con el desarrollo de fármacos como son los ansiolíticos y antidepresivos, en los últimos 20 años de acuerdo a las cifras del Inegi casi 100 mil mexicanos murieron a causa de estas enfermedades.

Pero encontrar ayuda profesional para enfrentar y soportar con dignidad esta condición se torna casi imposible ante la escasez de centros especializados de salud mental y recursos humanos. El sistema de salud se encuentra rebasado ante la creciente demanda de una sociedad enferma. 

A eso sumemos que durante la pandemia de COVID-19, ha significado graves consecuencias negativas para la salud mental. Depresión, ansiedad y estrés traumático en personas y poblaciones de todo el mundo. Los sentimientos de ansiedad y depresión que surgieron durante la pandemia para algunos se resolverán a medida que se reanuden las rutinas, la gente regrese a sus trabajos y las conexiones sociales se normalicen.

Pero otros enfrentarán problemas de salud mental nuevos o peores que persisten o incluso aparecerán en el futuro, un número bastante grande dada la magnitud de la desesperación. Esa carga, puede ejercer una presión aún mayor sobre un sistema de salud mental ya saturado.

Se trata además de un sistema de locura, pues de otra forma sería imposible explicar el alto precio que hemos hecho pagar a quienes sufren y sufrieron alguna enfermedad mental. Y aunque el trato hacia ellos poco a poco ha mejorado, aun en el recuerdo están las épocas en que se les acusaba de estar poseídos por el demonio y para «expulsarlo» aplicaban crueles torturas. Algunos más «tecnificados», empleaban procedimientos como la lobotomía, mientras que otros los encadenaban, escondían o confinaban arrojándolos a la soledad que al final, terminaba volviéndolos locos de verdad.

Es este el delirante y crudo destino que deben afrontar algunas personas que sufren de trastornos mentales. Usted y yo los vemos, están cercanos a nosotros, algunos más los encontramos frente al espejo; son seres normales que de pronto, sufren episodios devastadores que los desequilibran para después ser arrojados a profundas y oscuras aguas. Pero piénselo bien, porque tal vez y como afirmó el poeta alemán Heinrich Heine, «La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca».

Es editorialista de diversos medios de comunicación, entre ellos Espacio 4, Vanguardia y las revistas Metrópoli y Proyección Empresarial, donde escribe sobres temas culturales, religiosos y de ciencia, tecnología e innovación. Es comentarista del noticiero “Al 100” de la estación de Radio La Reina de FM en Saltillo.