Superhumanos

Un prodigio tecnológico ha «revivido» a Javier Valdez. En un video que se comparte en las redes sociales, el periodista asesinado en 2017 se dirige al presidente López Obrador para exigirle que se esclarezca su crimen. «Yo no tengo miedo, señor Presidente, porque no me pueden matar dos veces», dice el autor de Periodismo escrito con sangre, en un mensaje de impactante realismo, donde cuestiona si el actual régimen tiene voluntad para esclarecer éste y otros asesinatos de colegas.

La delincuencia es quizá el problema más serio que sufre México, controlarla no sólo es cuestión de atacar sus causas, también es necesario combatir la impunidad y tener una estrategia de prevención de delitos. La tecnología juega un papel fundamental para cualquier Estado que quiera encargarse de su principal tarea: proveer seguridad a sus ciudadanos.

La capacidad de vigilancia se ha incrementado exponencialmente. De acuerdo con el podcast «Mundo futuro» —cuyo apocalíptico eslogan no debería espantar audiencias: «El principio del fin»—, las imágenes satelitales han aumentado su resolución, pasando de las que conocemos en Google Earth, que tienen hasta 30 metros de acercamiento, a las que pueden enfocar 10 centímetros —usadas por el Ejército de Estados Unidos—. Esto implica la posibilidad de ver remotamente detalles como un rostro, una placa de automóvil. ¿Estamos dispuestos a ceder privacidad en aras de ganar seguridad?, he ahí un dilema que ganará fuerza.

Los videojuegos y las historias de ciencia ficción son los profetas contemporáneos. La tecnología, combinada con inteligencia artificial y realidad aumentada, podrá predecir eventos. En la película Minority report (2002) es el año 2054, la policía tiene un escuadrón que puede anticipar los delitos de manera que actúa antes de que se cometan —¿no acaso los algoritmos predicen también?—. Upgrade (2018) es una cinta donde un individuo que sufre un violento asalto busca cobrar venganza asistido por un sistema que es implantado en su cuerpo, y que le da capacidades metahumanas para defenderse. ¿Qué pasará cuando todos seamos ciborgs?

No cualquier avance futurista tiene que ver con la seguridad, aunque sí con la conducta y el desarrollo económico. Superworld es un espacio virtual para comprar y vender bienes raíces digitales, sobre los que se pretende evocar una actividad económica paralela a la real, con intercambio de dinero —sustentando su credibilidad y su seguridad, con blockchain y los certificados digitales NFTs—. Una clave para propagar esta práctica será la interacción entre el metaverso y el mundo real —una empresa podrá ofrecer sembrar árboles reales si alguien «siembra árboles» en un espacio digital—. Ya existen algunos anunciantes que ofrecen boletos para conciertos a partir de realizar ciertas actividades en un mundo digital.

Superworld emula al juego de mesa Monopolio y sus principios de competencia, acumulación y ganancia. ¿Hará esta dinámica mejores personas? No digo que esté mal, simplemente me pregunto si podemos generar otro metaverso en donde se promuevan valores más solidarios —que hoy la apología al capital y las utilidades no favorecen—.

Los avances tecnológicos también implicarán nuevos retos. Uno de ellos será, como lo plantea Yuval Harari, las desigualdades biológicas, el potencial surgimiento de una casta de personas con habilidades mejoradas (los superhumanos) gracias a la tecnología, aptitudes que marcarán un inédito distingo social con personas menos favorecidas. Un nuevo clasismo en puerta.

En la inhibición de delitos funciona muy bien erradicar el anonimato. De ahí que las cámaras de vigilancia se han vuelto una defensa. La identificación de los sujetos en cualquier delito es clave. No veo descabellado que, así como tenemos un Curp, tengamos pronto un blockchain reputacional que identifique no sólo quiénes somos en un acto determinado, sino quiénes somos por nuestro pasado (nuestra cadena de actos). Apuesto más por la fuerza de la tecnología que encauce la conducta que por la transformación moral, en este sentido fundamento mi optimismo de un mundo con menos delitos.

Pensando en el planeta, en la seguridad y desarrollo económico de la comunidad, la paradoja del futuro es que la tecnología nos dará el poder de ser (física y moralmente) mejores humanos.

Fuente: Reforma

Columnista.