México, país siempre sediento; lluvias son apenas un mejoralito

Agricultores y ganaderos, los principales afectados por la ausencia de recursos hídricos. La vulnerabilidad de los mexicanos ante este fenómeno se debe a la inexistencia de una cultura bien fundamentada sobre los cuidados del agua: Magaña Rueda

Coordinan «bombardeo» de nubes en tres estados

Las recientes lluvias registradas en territorio nacional distan mucho de mitigar la sequía que azota al país, pero son seguidas casi con desesperación por agricultores, ganaderos y no pocos citadinos que requieren de su presencia para comercializar y subsistir.

Acorde al más reciente informe del Monitor de Sequía en México, emitido por la Comisión Nacional del Agua (Conagua), al 15 de junio el porcentaje de área con sequía de moderada a excepcional a nivel nacional era de 67.41%.

Los datos obtenidos desde los Organismos de Cuenca —responsables de administrar y preservar las aguas nacionales en cada una de las 13 regiones hidrológico-administrativas en que se divide el país— evidencian que las afectaciones más graves se presentan al norte. Los tres principales ubicados en esta latitud —Noroeste, Pacífico Norte y Cuencas Centrales del Norte— muestran índices de sequía extrema del 59.4, 63.6 y 43.6% respectivamente.

«Estamos mejor preparados con información, pero al final todo está sujeto a decisiones políticas y espontáneas cuando tendrían que ser decisiones preventivas con criterios técnicos».

Judith Domínguez, coordinadora del Observatorio de Seguridad Hídrica

El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) señala que nueve estados de la república —Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Sinaloa, Durango, Zacatecas, Guerrero y Michoacán— enfrentan sequía extrema y excepcional, lo cual ha mermado considerablemente la producción agrícola y pone en jaque las cosechas venideras pues las afectaciones son a largo plazo y los suelos requieren cada vez de mayor tiempo para reponerse y recuperar los estándares de fertilidad.

Juan Carlos Anaya, director del GCMA, alerta sobre la caída en producción de sorgo en Tamaulipas, uno de los graneros de este cultivo y del cual México presume ocupar el sexto lugar mundial. De las 4.3 millones de toneladas anuales que, en promedio, se suelen cosechar, para finales de 2021 se calcula alcanzar apenas 3.7 millones, la producción más baja desde 1994.

Algo similar ocurre con el maíz. «En Sinaloa pasaremos de una producción de maíz de casi 6 millones de toneladas a 4.8 millones de toneladas. En Tamaulipas, que tenía una producción de 800 mil toneladas, este año vamos a llegar a sólo 150 mil toneladas», informa Anaya (Goula, 13.05.21).

La situación de la sequía a lo largo y ancho de la nación es tan impactante que incluso llamó la atención de la NASA. La agencia aeroespacial publicó el 6 de mayo un comunicado donde explicaba, apoyado por imágenes satelitales, que «casi el 85% del país enfrenta condiciones de sequía. Grandes presas de todo México se encuentran en niveles excepcionalmente bajos, lo que agota los recursos hídricos para beber, cultivar y regar».

Coahuila árido 

El 71.4% de la superficie geográfica de Coahuila presenta actualmente algún grado de sequía, incluyendo 6.9% en situación extrema. El área toca 31 municipios, ya sea parcial o completamente, lo que corresponde al 81.6% de la totalidad que conforman el Estado.

«La sequía nos está pegando y nos va seguir pegando si no nos sumamos», asevera Luis Alemán, representante de Desarrollo Rural en la entidad. Los equipos de bombeo solar que instaló el gobierno del estado en General Cepeda, Parras de la Fuente y Ramos Arizpe, no dan abasto y a duras penas funcionan como paliativo en zonas muy específicas.

Joaquín Arizpe, presidente de la Unión Ganadera Regional de Coahuila, compara las condiciones actuales con las sufridas en 1996 y 2011, dos años marcados por fuertes sequías que provocaron la muerte de reses por hambruna. Acontecimiento que ya se repite en la región pues falta el follaje para alimentar a los animales y no todos superan las caminatas diarias de varios kilómetros en busca de un arroyo que no esté seco.

Según Arizpe, otras alternativas de subsistencia resultan muy caras pues involucran la sustitución del alimento natural por suplemento de proteínas o mover las reses en camiones para llevarlas a beber. Una u otra elevan demasiado el costo de manutención.

Pero no se trata solo de afectaciones en zonas rurales. Saltillo también resiente la sequía. En una encuesta desarrollada por el departamento de análisis de datos de Vanguardia, previa a las elecciones del 6 de junio, 26% de las personas encuestadas respondió que garantizar el abastecimiento y distribución del agua representa el mayor desafío o problema que enfrenta la ciudad, por encima de la inseguridad o las acciones de pavimentación y recarpeteo.

El gerente de Aguas de Saltillo (Agsal), Jordi Bosh, argumenta que las carencias asociadas a este recurso en la capital coahuilense se deben al aumento acelerado y constante de su población.

«Saltillo crece en un 2% anual; eso significa unas 5 mil tomas más cada año que se conectan y por cada toma tenemos unos tres habitantes, que significa que se instalan en Saltillo unas 15 mil personas más al año», explicó para ADN Coahuila.

La Asociación de Usuarios del Agua de Saltillo (AUAS), en cambio, acusa a Agsal de no desempeñar correctamente las funciones para la que fue contratada, haber incurrido en falta de transparencia y no superar siquiera el 60% de eficacia en el modelo de distribución.

«Hay muchas cosas que aclarar con esta empresa, creo que las violaciones legales han sido muchas y hay que empezar a ponerlos en cintura y empezar a tomar en cuenta la participación ciudadana», considera Gloria Tobón, presidente de AUAS (Vanguardia, 03.05.21).

El exregidor e integrante de AUAS, Rodolfo Garza, llama la atención sobre el precario futuro del agua en la ciudad, el manejo indiscriminado que Agsal hace de la misma y la indiferencia por parte de las autoridades ante el peligro de que su fuente se agote.

«Para Aguas de Saltillo es muy importante asegurar que van a poder renovar el contrato. Para eso necesitan tener la seguridad de que va a haber permisos para extraer el agua de los acuíferos, pero están sobreexplotados y ninguna autoridad se preocupa por ver el futuro del agua en Saltillo», señala.

Hasta la fecha, en Saltillo se extrae más agua de la permitida por Conagua, que autoriza 54 millones de metros cúbicos por año; sin embargo, la trasnacional Suez América Latina, organización dedicada a la preservación y optimización de los recursos del planeta, en particular los hídricos, estima que en la práctica se obtienen alrededor de 74 millones.

En 2019 Conagua propuso la construcción de represas en la Sierra de Zapalinamé para ayudar al mantenimiento del acuífero en la zona de Saltillo. El entonces director del organismo, Óscar Gutiérrez Santana, argumentó que esa podía ser una buena opción dada las complejidades que enfrenta la región hidrológica de la capital del Estado, demasiado distante de otras fuentes de abastecimiento —subterráneas o superficiales— a las cuales conectarse.

En esencia, se trataba de crear un sistema de «presas de gaviones», compuesto por estructuras rectangulares de alambre galvanizado que se rellenan con piedras, similares a las que se levantaron en las laderas cercanas a las colonias más pobladas para evitar posibles inundaciones. De esta manera se lograría retener el agua de las precipitaciones y lograr una mejor filtración incrementando el nivel de los acuíferos.

Dos años después de presentada, la propuesta sigue en el limbo.

Cuidado deficiente

La escasez de suministros hídricos no se debe exclusivamente a la ausencia de precipitaciones. José Antonio Benjamín Ordoñez-Díaz, profesor del Instituto Tecnológico de Monterrey, destaca que las sequías siempre han existido. Su carácter cíclico permite pronosticar futuros comportamientos y calcular los períodos de duración o la intensidad de los mismos.  Sin embargo, no sucede lo mismo con el comportamiento humano. La deforestación, la conversión de zonas boscosas o humedales en zonas agrícolas, los incendios provocados por negligencia o para destinar los suelos a nuevos cultivos, son algunas de las acciones más comunes del hombre que atentan contra la disponibilidad del agua y la capacidad de retener la misma. Sin vegetación, la evaporación se produce de manera más rápida y los suelos se mantienen secos. «Cuando cortas un árbol, te estás llevando la mitad de su peso en agua que tenía ese ecosistema», argumenta (El País, 24.04.21). 

Víctor Orlando Magaña Rueda, investigador titular del Instituto de Geografía (IG) de la UNAM, advierte que la vulnerabilidad de los mexicanos ante las sequías se debe a la inexistencia de una cultura bien fundamentada sobre los cuidados del agua y la falta de conocimiento por parte de quienes toman las decisiones que podrían coadyuvar en la solución del problema.

«No hemos aprendido ni las lecciones en México, ni de las grandes ciudades como Barcelona, São Paulo, Ciudad del Cabo, que pasaron por este nivel de emergencia y hoy mantienen un monitoreo estricto del agua. Han creado cultura, programas para reusar el líquido una y otra vez, han sabido recuperar las funciones que nos da la naturaleza para captar agua, recargar los acuíferos. Todos han implementado medidas claves porque no quieren volver a pasar por lo mismo», apunta (El Heraldo de Saltillo, 15.06.21).

Magaña considera que cargarle toda la culpa a la naturaleza por las precarias condiciones en que se encuentran los recursos hídricos del país es la salida más fácil, pero resulta incorrecta porque se desentiende de la influencia directa que la sociedad y las autoridades mantiene sobre estos recursos.

El miembro de la Red del Agua de la Universidad Nacional hace hincapié en la necesidad de dotar a México con un sistema participativo y de colaboración donde los funcionarios encargados de tomar las decisiones trabajen en coordinación con los especialistas del tema y, juntos, contribuir en el trazado de estrategias que permitan un mejor aprovechamiento del vital líquido.

«Hoy se habla de que estamos enfrentando una sequía, porque tiene que ver con el buen o mal manejo del agua en todos estos años en México. Si aun cuando no había sequía vivimos crisis hídricas, no debe ser sorpresa que cuando llega el estiaje no haya agua en la ciudad, y ahora imaginen cuando hay sequía», destaca el especialista.

Judith Domínguez, investigadora del Colegio de México y coordinadora del Observatorio de Seguridad Hídrica se suma a este criterio y resalta la trascendencia de la gestión pública del recurso como factor insoslayable. «Estamos mejor preparados con información, pero al final todo está sujeto a decisiones políticas y espontáneas cuando tendrían que ser decisiones preventivas con criterios técnicos», advierte (El País, 24.04.21).

Problemática mundial

La sequía y sus efectos nocivos no se restringen a México. El 17 de junio, Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, la Organización de Naciones Unidas (ONU) emitió un llamado de alerta por la creciente pérdida de suelos fértiles y la incapacidad de los ecosistemas de cumplir con su función reguladora para suministrar bienes y servicios.

Según el organismo internacional, el 23% de la tierra en el planeta no es productiva y el 75% que sí lo es se transformó principalmente en áreas de cultivo, proceso que se ha acelerado durante los últimos 50 años. Agregó que la degradación de los suelos actualmente menoscaba el bienestar de tres mil 200 millones de personas en el mundo.

Por tal motivo, la ONU instó a restaurar 800 millones de hectáreas el próximo decenio. Un proyecto que, a primera vista, se erige tan difícil como necesario. E4

Causas de la desertificación

  • Sequías severas
  • Incendios forestales
  • Erosión de los suelos
  • Manejo inadecuado de los recursos hídricos
  • Contaminación y sobrexplotación de los mantos acuíferos
  • Crecimiento urbano desordenado
  • Éxodo rural

Coordinan «bombardeo» de nubes en tres estados

La prolongada sequía obligó al Gobierno federal a coordinar un bombardeo de nubes con yoduro de plata en Sinaloa, Sonora y Chihuahua —tres estados agrícolas del norte— en un intento por inducir precipitaciones lo antes posible. Durante 90 días, aviones de la Fuerza Aérea del tipo King Air 350i, especialmente equipados para la tarea, ejecutarán alrededor de 25 vuelos para completar la aspersión sobre un área aproximada de 2 millones de hectáreas para cada entidad.

La coordinación y programación de este tipo de actividades se lleva a cabo a partir del análisis de las condiciones meteorológicas que se complementan con información de aplicaciones móviles e imágenes satelitales.

El bombardeo o siembra de nubes no crea lluvias, como popularmente se cree. En realidad, pretende potenciar un proceso natural que ya existe en la atmósfera. Puede aumentar la formación de precipitación en nubes que presentan las condiciones para hacerlo, pero no funciona para formar nuevas nubes o convertir pequeñas nubes no precipitantes, en nubes de lluvia.

Para lograr su propósito se coloca una proporción adecuada de núcleos de condensación o de cristalización a fin de hacer más eficientes los mecanismos de conversión de vapor de agua a las fases líquida y sólida, respectivamente. El potencial incremento depende de la existencia natural de estos núcleos en la atmósfera.

Se trata de un método amigable con el ambiente que ya se empleó exitosamente en febrero y marzo de este año sobre un millón de hectáreas de Baja California para beneficio de 10 mil habitantes, agricultores y ganaderos en la zona de influencia del perímetro.

Coahuila y Nuevo León también han aprovechado esta técnica, aunque por motivos diferentes. En abril se realizó aspersión de yoduro de plata sobre municipios de ambos estados para generar lluvias y apoyar los trabajos de combate a incendios forestales que padecieron. E4

La Habana, 1975. Escritor, editor y periodista. Es autor de los libros El nieto del lobo, (Pen)últimas palabras, A escondidas de la memoria e Historias de la corte sana. Textos suyos han aparecido en diferentes medios de comunicación nacionales e internacionales. Actualmente es columnista de Espacio 4 y de la revista hispanoamericana de cultura Otrolunes.