Morena disparó su votación en Coahuila, pero aún no le alcanza para ser gobierno

Ganar Saltillo y Torreón le permite a Miguel Riquelme ampliar la baraja del PRI para la sucesión de 2023. La derrota de Morena, en cambio, abre la posibilidad de que el presidente elija de candidato a un colaborador cercano como lo hizo con Alfonso Durazo, gobernador electo de Sonora. El PAN, desvanecido

Sacaremos al PRI de Coahuila, dice un Guadiana apabullado

Acción Nacional: el ocaso de un partido con historia

En Coahuila Morena tiene votos, pero le faltan liderazgos que lo estructuren, candidatos competitivos y una agenda que le permita: ampliar su base electoral y atraer a quienes abandonaron al PAN y sufragaron por el PRI en los comicios de junio; actuar como oposición y abanderar las demandas de justicia de movimientos sociales relacionadas con la megadeuda y otros atropellos del «moreirato», impunes en un estado donde la división de poderes es un mito; y así crear condiciones para ganar la gubernatura en las próximas elecciones, lo cual, en las circunstancia actual, parece remoto. En la sucesión de 2017, Armando Guadiana Tijerina, postulado por Morena, obtuvo 151 mil votos, apenas 46 mil por encima del independiente Javier Guerrero García. Un año después, la votación por Andrés Manuel López Obrador se disparó a 503 mil; en el mismo proceso, Guadiana, quien encabezó la fórmula para el Senado, recibió 74 mil boletas menos que AMLO.

Guadiana (74 años) acaba de sufrir un doble revés. El primero golpeó su orgullo y el segundo lo devaluó como aspirante de Morena al Gobierno de estado. Perder la alcaldía de Saltillo con José María Fraustro (PRI), por 44 mil votos, le restó puntos en la carrera sucesoria. No obstante los programas sociales de la Cuarta Transformación y su apalancamiento en la popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador, el senador apenas captó 7 mil boletas más que Isidro López Villarreal (PAN) en 2013. Proporcionalmente, la votación por Guadiana fue menor. La campaña del empresario minero hizo agua desde las primeras semanas. El ofrecimiento retórico de donar su sueldo a asociaciones civiles, entre otros desplantes, lo mostraron desesperado, y no impactó en el ánimo de los electores.

«Guadiana (74 años) acaba de sufrir un doble revés. El primero golpeó su orgullo y el segundo lo devaluó como aspirante de Morena al Gobierno de estado».

Recordado por su frase «honrao, honrao no soy», Guadiana despotricó contra tirios y troyanos y repartió culpas sin asumir ninguna. Habló de traiciones en su partido y casi culpó al delegado federal y exlíder estatal del PAN, Reyes Flores Hurtado, de su fracaso rotundo. Amigo y defensor de Alonso Ancira Elizondo, a quien no pudo salvar de prisión, pues, con tal de seguir su proceso en libertad, el dueño de Altos Hornos de México (AHMSA) aceptó pagar a Pemex 265 millones de dólares para reparar del daño por la venta de Agro Nitrogenados a un precio inflado, Guadiana desveló en su alegato, sin proponérselo, no ser el favorito de Morena y quizá tampoco del presidente López Obrador para la sucesión coahuilense del 23.

Antes de la alternancia en el poder ejecutivo, el Congreso era la antesala de la gubernatura. En Coahuila, los mandatarios comprendidos entre Eulalio Gutiérrez y Enrique Martínez fueron previamente senadores o diputados. El presidente los placeaba y en algunos casos los ungía aun sin despachar en Los Pinos. Carlos Salinas lo hizo con Rogelio Montemayor en un acto de campaña en Monclova, donde la sombra del tándem Xavier Autrey-Alonso Ancira ya se proyectaba sobre AHMSA. López Obrador terminó con la parafernalia de los séquitos en sus giras por los estados, pero también destapa. En Sonora, el dedo apuntó a Alfonso Durazo, hoy gobernador electo. Cuando asiste Guadiana a ceremonias con el presidente, lo hace como un invitado más; no sube al templete ni tiene contacto con AMLO. El puente entre Coahuila y Palacio Nacional es el delegado federal, Reyes Flores, lo cual explicaría el celo del senador, más proclive a los negocios que al ideario de la 4T.

Prensa, cabeza de turco

El senador Armando Guadiana acierta en algo. Los medios de comunicación y la «comentocracia», casi en su totalidad, simpatizan con el PRI y anatematizan al presidente Andrés Manuel López Obrador y a Morena. La prensa juega, como en la mayoría de los estados, en el bando del gobernador. Sin embargo, también lo hacen los diputados, senadores y funcionarios de la 4T quienes, en vez de ejercer el derecho de réplica y asumir la defensa de los programas y políticas federales, hacen mutis o, de plano, los contradicen como lo hizo Guadiana en el caso de Pemex-Agro Nitrogenados al ponerse del lado de Alonso Ancira.

Culpar a los medios de comunicación y a los columnistas de las derrotas de Morena en Saltillo, Ciudad de México y otras cabeceras es una cortina de humo para ocultar la realidad y las causas del rechazo al partido en el poder en algunos sectores. La influencia de los gobiernos locales en diarios y canales es notoria. En Coahuila, desde el «moreirato» a los exgobernadores les dio por comprar medios para presionar y para proteger sus intereses. López Obrador cosecha las tempestades de los vientos sembrados en la prensa, a la cual no deja de colgarle etiquetas. Sin estrategia de comunicación social en los estados, el presidente deja el campo abierto a los gobernadores, una de cuyas bases de apoyo es la prensa.

La influencia de columnistas y medios reside en su credibilidad y congruencia. La crítica es consustancial a la libertad y a la democracia, pero también se utiliza para defender afinidades e intereses. En tales casos, el periodista corre el riesgo de dejar de ser leído por tendencioso o monotemático. Atribuir la animadversión de la prensa al presidente solo al recorte del gasto publicitario y a la cancelación de contratos millonarios con columnistas y escritores adictos al poder —demanda añeja de organismos y colectivos—, es otro simplismo. Hacer la vista gorda frente a los errores, omisiones y dislates de AMLO, para evitar ser señalados por su dedo flamígero en las mañaneras, abriría la puerta a otros más graves. Los gobernadores también los cometen, pero están acorazados.

Guadiana sentía tener la alcaldía como en la bolsa y, por extensión, la gubernatura. A la suficiencia y al exceso de confianza los acompaña siempre la soberbia. En vez de conciliar, el empresario minero actuó como cacique y profundizó las grietas en un partido de por sí fracturado y a la deriva. José María Fraustro titubeó al principio, pero al final sacó la elección casi con los mismos votos obtenidos por el PRI hace tres años, es decir, tampoco fue una campanada. Morena perdió la alcaldía, pero desplazó al PAN como segunda fuerza en la capital. Por cada voto emitido por Tere Romo, Guadiana recibió 10.

En perspectiva, las 116 mil papeletas de Guadiana tampoco son cosa del otro mundo. Apenas exceden en 12 mil las captadas por él como aspirante a senador en 2018. En Torreón, virtualmente sin candidato (Luis Fernando Salazar era quien encabezaba las encuestas, y no su padre homónimo, nombrado de último minuto), Morena también fue el segundo partido más votado (101 mil). La derrota no descarta a Guadiana por completo de la sucesión de 2023, pero lo disminuye. La popularidad no basta para ganar una elección; y el dinero, a veces, tampoco. Se necesita sensibilidad, arrojo y una buena dosis de humildad. Eso lo entienden bien en el PRI. En El manual del perfecto político, advierte Carlos Fuentes: «La política en México es el arte de tragar sapos sin hacer gestos, porque el buen político convierte todo en una ventaja».

El delegado solitario

Al presidente Andrés Manuel López Obrador le fue bien el 6 de junio, pues conservó el control del Congreso, y Morena, con 11 gubernaturas más, subirá a 17. Miguel Riquelme también pasó la prueba de las elecciones intermedias: en 2020 retomó el control de la legislatura y este año puso a raya al PAN, pero sobre todo a Morena: recuperó Torreón, Piedras Negras, San Pedro, Matamoros y Parras. Solo Monclova se mantuvo fiel al partido azul. El PRI se hizo también con cinco diputaciones federales, incluidas las tres de La Laguna.

El resultado le permite al gobernador ampliar la baraja para la sucesión de 2023, sobre todo en Saltillo y Torreón, donde le faltaban cartas. En cambio, a Morena le deshizo el juego. Las derrotas de Armando Guadiana (Saltillo), Luis Fernando Salazar (Torreón) y Claudio Bres (Piedras Negras) los alejan de la candidatura al Gobierno. El desempeño del delegado federal Reyes Flores Hurtado es aceptable, pero está más ocupado en quitarse golpes y en señalar a los gobiernos estatal y municipal de boicotear los programas de la Cuarta Transformación.

A través de las redes sociales, Reyes Flores ha denunciado argucias de las autoridades locales para obstaculizar la vacunación contra la COVID-19 y culpar al gobierno federal del «caos». Sin embargo, no ha tenido eco ni recibido apoyo político de los senadores y diputados de Morena cuyas agendas personales están por encima de su lealtad al presidente. ¿Eso no es traición? Si la ruptura entre Reyes y Armando Guadiana es real, y aun sin serlo, después del 6 de junio ninguno le asegura a Morena un triunfo en las elecciones para gobernador del 23.

Debilitadas las cartas locales, el presidente López Obrador y su partido podrían echar mano de la baraja federal para la sucesión coahuilense. En Sonora, Morena se decantó por el exsecretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, hoy gobernador electo. Ernesto Gándara, postulado por la coalición Va por México (PRI-PAN-PRD), perdió por un margen de 16.5 puntos a pesar de que Ricardo Bours (hermano del exgobernador Eduardo Bours, lastrado por el incendio en la guardería ABC) abandonó la candidatura de Movimiento Ciudadano para sumarse a su campaña.

Dos coahuilenses colaboran con el presidente López Obrador en puestos de relevantes: Ricardo Mejía Berdeja, subsecretario de Seguridad y Protección Ciudadana desde los tiempos de Durazo. Y Javier Guerrero García, director de Vinculación Institucional y Evaluación de Delegaciones del IMSS. Ambos militaron en el PRI, y el primero también en Movimiento Ciudadano. Después de haber pertenecido al grupo político de Raúl Sifuentes, exsecretario de Gobierno de Coahuila y rival de Humberto Moreira en 2005, Mejía se arraigó en Guerrero donde ha sido diputado local y federal. Reside en Acapulco.

Javier Guerrero, exalcalde de San Pedro, cuatro veces diputado federal y amigo de Luis Donaldo Colosio, igual que Durazo, renunció al PRI en 2016 para competir por la gubernatura un año después por la vía independiente. El sampetrino radica en Saltillo desde 1999 cuando asumió la Secretaría de Finanzas en el gobierno de Enrique Martínez. Coahuila y Estado de México son las únicas entidades donde habrá elecciones para gobernador en 2023. Mientras las agujas del reloj avanzan, unos miran hacia Palacio de Gobierno y otros a Palacio Nacional, de donde saldrá el humo blanco que anunciará a los candidatos de Miguel Riquelme y de López Obrador. E4


Sacaremos al PRI de Coahuila, dice un Guadiana apabullado

El senador dice no estar encaprichado con la gubernatura. «Iremos con el mejor candidato» para terminar con 96 años de hegemonía. Anuncia un «gran bloque opositor»

Armando Guadiana acusó el golpe de las urnas, pero no perdió el estilo: «Vamos a sacar al PRI de Coahuila (…) con el mejor actor que tenga Morena en 2023 (mujer u hombre) y con ese debemos ganar (…). Nada de que “yo quiero ser y yo voy a ser”». Nada de «encapricharse con un solo candidato, que todos los interesados e interesadas participen y que haya un consenso de cuál es el mejor», declaró en rueda de prensa el 23 de junio en el Senado, a donde regresó después de fracasar en su intento de convertir la alcaldía de Saltillo en plataforma de lanzamiento para la gubernatura.

El senador anunció la formación de un «gran bloque opositor» para terminar con 94 años de gobiernos del PRI en Coahuila, uno de los tres estados, no el único, como mencionó, donde no ha habido alternancia. Al no conseguir la alcaldía, Guadiana dejó de llevar la mano para la sucesión del gobernador. En esa tesitura, se apuntó «entre los cinco o seis actores o actrices (sic)» que aspiran al cargo. «No estamos encaprichados», dijo en plural mayestático, «pero sí vamos a luchar todos para sacar a la persona que deba encabezar esos esfuerzos… y lo vamos a lograr». Ir con el mejor candidato en clave, pues en la elección del 6 de junio «tal vez las ambicios personales de algunos actores (…) afectaron para que no tuviéramos éxito en Saltillo y Torreón».

Guadiana dice no entender aún cómo, si en vísperas de las votaciones las encuestas le concedían una ventaja promedio de 10 puntos, «nos dieron la vuelta a la tortilla». En sus cavilaciones, este político y empresario polifacético y polémico recurre a una metáfora futbolera: «nos metieron muchos goles por no tener portero». Sin embargo, ni Lev Yashin, la Araña Negra, podría haber frenado a la delantera del PRI donde Carlos Moreira (SNTE) y su hermano Álvaro, acarreadores estrella y campeones del juego sucio, juegan como cachirules.

«Tuvimos una problemática fuerte el día de la elección», admite el senador bigotudo: «nos falló la gente de Morena (…) me refiero a la parte cupular (del partido) en el estado, porque tanto Torreón como Saltillo y Piedras eran municipios que debimos haber ganado. Por omisión o traición (…) en más de 400 casillas —de las mil de Saltillo— no tuvimos información, y a la fecha tenemos problemas para saber qué pasó (…). Los líderes locales que manejaron la elección, dizque con la estructura federal, no nos dejaron meter representantes nuestros».

En el escenario más competido, el candidato de Morena ganaría con 125 mil votos contra 95 mil del PRI, de acuerdo con sus encuestas. Sin embargo, «como ustedes saben —dijo a los periodistas—, la operación del PRI fue enorme, tanto de parte del Gobierno del estado como del municipio, con cuatro grandes centros de acopio (están documentados), nada más en Saltillo, para preparar (desde el año previo a la elección) despensas y materiales de construcción». Las policías estatal y municipal acarrearon gente a las casillas «y de esa manera obtuvo votos el PRI. No es ninguna novedad».

Luis Carlos Rodríguez, de El Universal, quiso saber quién operó la «traición hacia los candidatos de Morena» y cómo influyó la clase media para —en términos del candidato— darle vuelta a la elección. Según Guadiana, ni el sufragio de los sectores con mayor nivel socioeconómico, ni el epígrafe de «Un voto por Morena es un voto contra México», publicado por más de tres semanas por el cronista de Saltillo, Armando Fuentes Aguirre, Catón, en su columna diaria, afectaron «gran cosa», y así se midió «claramente en las casillas».

Para Guadiana, las pifias, las ambiciones personales en Morena y la intromisión de los gobiernos estatal y municipal en la elección fueron las causas por las cuales perdió la alcaldía. Y en el caso de Torreón, las rencillas entre exmilitantes del PAN (Luis Fernando Salazar y Reyes Flores Hurtado) hoy pintados de guinda. E4


Acción Nacional: el ocaso de un partido con historia

De la oposición coherente y ecuánime ante la desgracia, solo quedan cenizas. El fracaso del 6-J lo deja sin cartas visibles para buscar la gubernatura

El PAN tuvo su cenit en las elecciones intermedias 1996, cuando Rogelio Montemayor gobernaba el estado. Décadas de lucha contra un sistema cerrado a la competencia democrática y de oposición estoica y congruente le permitieron al partido fundado por Gómez Morín hacerse con las principales alcaldías (Saltillo, Torreón, Monclova y Ramos Arizpe) y con la mitad del Congreso. Veintiún años después, Acción Nacional volvió a ganar las metrópolis lagunera y del acero, pero no la capital, y junto con la UDC, más distritos que el PRI. En 1996 surgieron dos figuras relevantes: Jorge Zermeño y Guillermo Anaya. En el segundo caso, los diputados azules, capitaneados por Marcelo Torres, se echaron en brazos del gobierno en vez de responder a la confianza ciudadana; y en lugar de generar nuevos liderazgos, el PAN se apagó.

La historia de Acción Nacional en el periodo 1996-2017 fue de triunfos y derrotas: en una elección caía, pero en la siguiente se levantaba. El escenario empezó a cambiar tan pronto como Morena apareció en las boletas. En 2013, cuando ganó Saltillo con Isidro López, el PAN captó 375 mil votos en todo el estado; el PRI, 443 mil; y el PRD, 40. Morena entonces no era partido. La primera vez que el movimiento guinda compitió por alcaldías, en 2017, sus candidatos recibieron 96 mil sufragios en los 38 municipios. La votación se disparó a 266 mil en 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia.

La tesis según la cual Morena se desplomaría si el presidente no estaba en las boletas se vino abajo el pasado 6 de junio. A escala federal, López Obrador conservó la mayoría calificada en el Congreso y triunfó en 11 de los 15 estados donde se eligió gobernador; el PRI perdió ocho y el PAN, dos. En Coahuila, las planillas de ayuntamientos del partido de AMLO recibieron 406 mil votos. Acción Nacional bajó a 164 mil, casi 200 mil menos con respecto a la elección de alcaldes previa.

El PRI, en cambio, consiguió sus mejores cifras en unas elecciones municipales: 531 mil votos, por encima de los 482 mil de Miguel Riquelme en 2017, cuando estuvo a punto de perder la gubernatura con el candidato del PAN, Guillermo Anaya. ¿Qué influyó en el resultado? Uno de los factores fue la reorientación del sufragio. La campaña contra Morena y AMLO rindió frutos a medias: pudo haber incidido en los triunfos del PRI en Saltillo y Torreón, pero los 406 mil votos por el partido guinda no solo le permitieron desplazar al PAN como segunda fuerza electoral en el estado, sino ampliar su base electoral para competir por la gubernatura dentro de dos años. Con un candidato adecuado podría encabezar la alternancia.

El fracaso de Acción Nacional en la elección de alcaldes y diputados federales tuvo otro efecto: lo dejó sin figuras para la sucesión estatal. Las derrotas de Marcelo Torres y Jorge Zermeño, postulados para la alcaldía de Torreón y el Congreso, los descarta. Lo mismo sucede con los morenistas Luis Fernando Salazar y Claudio Bres, vencidos por el PRI en Torreón y Piedras Negras. Armando Guadiana perdió en Saltillo, pero aun así volverá a buscar la gubernatura. Sin embargo, el presidente López Obrador podrían tener otros planes para Coahuila. Algunos sectores de Morena, de la 4T e incluso del Senado tienen reservas con Guadiana, quien, como presidente de la Comisión de Energía y empresario minero, ha sido acusado de conflictos de intereses. E4

Torreón, 1955. Se inició en los talleres de La Opinión y después recorrió el escalafón en la redacción del mismo diario. Corresponsal de Televisa y del periódico Uno más Uno (1974-81). Dirigió el programa “Última hora” en el Canal 2 de Torreón. Director del diario Noticias (1983-1988). De 1988 a 1993 fue director de Comunicación Social del gobierno del estado. Cofundador del catorcenario Espacio 4, en 1995. Ha publicado en Vanguardia y El Sol del Norte de Saltillo, La Opinión Milenio y Zócalo; y participa en el Canal 9 y en el Grupo Radio Estéreo Mayrán de Torreón. Es director de Espacio 4 desde 1998.