Moda rápida: el alto costo de la ropa barata

La producción de prendas de bajo costo está provocando un desastre ambiental de proporciones épicas. Explotación laboral y la esclavitud infantil, prácticas comunes en una industria cuyo crecimiento está haciendo millonarios a unos pocos

Zara, fundador de un sistema construido para devastar

Detrás del prestigio de grandes empresas de la moda, con sus lemas que aseguran que el consumidor no solo obtendrá una prenda sino estatus social, autoestima y «estar a la moda» a un menor precio, se oculta una serie de ilegalidades que a pocos parece importar: trabajo infantil, mujeres explotadas, salarios deplorables —hasta siete veces menores al mínimo—, jornadas brutales y carencia de seguros sociales, entre otras tantas violaciones a los derechos humanos.

Países como Italia, Reino Unido, China, India, Bangladesh, México, Argentina, Brasil, Chile y Etiopía, por mencionar algunos, han sido escogidos por las casas de moda para establecer sus fábricas textiles. En parte, por los bajos costes de manufactura, suministros y rentas, pero también por la corrupción que permite burlar normas medioambientales, pago de impuestos y leyes laborales.

En el mundo capitalista de hoy, los grandes consorcios utilizan estrategias de venta basadas en estudios cerebrales que indican que las compras liberan sustancias como la dopamina, las cuales provocan satisfacción a corto plazo. Aplicando estas estrategias logran que una sociedad insatisfecha intente sentirse más feliz comprando más y más. Lamentablemente esta supuesta «felicidad» es pasajera.

Música, olores e imágenes son algunas de las estimulaciones que se utilizan para engañar a nuestros cerebros, creando una «necesidad» que nos convierte en homo consumere (del latín homo = hombre y consumere = consumir). Es a lo que se le llama una muy bien utilizada mercadotecnia.

Los llamados Influencers juegan un papel importante en convencer a la gente de comprar, por lo que pueden ganar hasta cinco mil euros por un solo video en el que promocionan una marca.

Y es que el impulso reflejo de compra no es casualidad, sino una respuesta de estímulo recompensa (satisfacción), la cual forma parte de la llamada «neuroeconomía». Las empresas lo saben y utilizan ese conocimiento para manipular a las masas.

Precios bajos + estimulación cerebral + divulgación en las redes sociales = empresas millonarias. Internet es el nuevo centro comercial.

El impacto del fast fashion

Todos los años se venden unos 56 millones de toneladas de productos textiles en el mundo.

Europa, que mantenía sumas discretas de consumismo desde el año 2000, ha duplicado sus compras. Se estima que para el 2030 estas compras serán cinco veces mayor, debido al tiempo de fabricación cada vez es menor. En promedio, la producción de una prenda se tarda solo un par de semanas y su bajo precio se debe la mala calidad de los materiales y al escaso costo de manufactura.

Un dato curioso: muchos de los compradores nunca llegan a ponerse sus prendas adquiridas, éstas dejan de ser tendencia, de «estar a la moda», en poco tiempo y son desechadas. Los emporios de la moda rápida han logrado cambiar sus colecciones en lapsos muy cortos de tiempo, lo que incrementa la enajenación de la gente asidua a las compras por obtener los nuevos artículos.

La producción cambia tan rápido que los consumidores en Europa regresan a la tienda unas 17 veces por año, ya que no se quieren perder nada. Por el contrario, a otras tiendas el comprador regresa unas tres o cuatro veces al año.

Trabajadores al desamparo

«Todo está cronometrado para no perder el tiempo, no hay duda de que todo es copiar y pegar, por eso me fui», dice en entrevista Marine Olasia, francesa estilista y exdiseñadora) sw Berschka, una empresa del Grupo Inditex.

El tiempo se vuelve un enemigo en este consorcio, por lo que los diseñadores se vuelven en «espías» y son enviados a «viajes de inspiración», en los cuales compran prendas de diseño caras y confeccionan copias de bajo costo. A estos trabajadores se les capacita sobre todo en los derechos de autor, para no tener problemas legales.

Pocos saben que Inditex ha cambiado casi todos los contratos de sus trabajadores con las nuevas modificaciones del artículo 41 del Estatuto de los Trabajadores que dice:

«Amb. Modificación de las características, del funcionamiento o de la extensión de una instalación, que, sin tener la consideración de sustancial, pueda tener consecuencias en la seguridad, la salud de las personas o el medioambiente. Es decir; Amb. Cambio en la estructura o el funcionamiento de una instalación que pueda tener importantes efectos negativos sobre la salud o el medioambiente».

Ninguno de los trabajadores entrevistados tenía conocimiento de ese artículo. En realidad, todos confesaron no haber leído el contrato y solo firmaron por la necesidad de un trabajo.

Los extrabajadores pocas veces quieren dar entrevistas, los empleados solo bajo anonimato. De las 20 personas abordadas, solo cinco aceptaron contestar unas preguntas.

Todos tienen conocimiento en dónde se fabrican las prendas, pero ninguno sabe qué dice el artículo 41, ni mucho menos el convenio de confidencialidad que han firmado en sus contratos. Y cuando se les preguntó sobre el tema de la explotación de personas y contaminación ambiental, alegaron que dejarían de trabajar en la empresa si ésta explotaba a menores de edad. Pero ninguno de ellos tenía conocimiento que la empresa está infringiendo la ley.

Algunas marcas han intentado demandar al gigante de la moda rápida. Una de ellas fue la empresa danesa Rains. Los costes legales de una demanda así pueden superar los 300 mil euros. En este caso, la empresa contrató personal para ir a las fábricas chinas donde se copiaron sus modelos y se corroboraron las sospechas de plagio. Después de tres años, el tribunal falló en favor de Rains.

Esclavitud en pleno siglo XXI

EnLeicester, una ciudad inglesa líder en producción textil, las fábricas emplean principalmente a trabajadores inmigrantes sin experiencia y bajo condiciones laborales denigrantes (ganan 3 libras por hora, muy por debajo del mínimo).

Su capacitación dura cinco minutos y solo es una breve explicación de cómo funciona la máquina de coser e inmediatamente comienzan a confeccionar la ropa. Las empresas alegan que la capacitación dura toda la primera semana, por lo que no la pagan.

Las trabajadoras pueden laborar el tiempo que quieran y no cuentan con contrato, prestaciones, ni control sanitario. Las prendas se producen en dos semanas, por lo que nunca descansan. «Aquí no hay ley», dice Tanya, trabajadora para una textilera de esta ciudad.

Una de las más crueles situaciones se vive en Vietnam, donde niños son esclavizados. Suelen trabajar en habitaciones diminutas que comparten hasta con 14 máquinas de coser. Ahí comen, se duchan y duermen. Tampoco hay salidas de emergencia ni planes de seguridad contra incendios. Los niños no tienen tiempo de ir a la escuela.

En Bangladesh, las mujeres son explotadas en jornadas laborales de hasta 12 horas, con salarios siete veces menores al mínimo. Muchas veces son acosadas sexualmente o violadas. No tienen prestaciones ni seguridad social, son amenazadas con perder sus empleos si hablan con periodistas o se quejan con las autoridades.

Las similitudes entre las textileras subcontratadas en Bangladesh con las de Latinoamérica o África no son muchas. En países como Brasil o México además son perseguidas por grupos delictivos como parte del negocio de la trata de personas.

La mayor contaminación

Después de la industria petrolera, la textil es la que más contamina. Por cada tonelada de tela se contaminan 200 toneladas de agua. Un jean contamina 20 litros de agua; una playera inhabilita 7 litros de agua. Una familia promedio de cinco personas, que va unas 17 veces al año de compras, contamina 500 mil litros de agua al año.

Aditya Birla es un consorcio indio valuado en 40 mil millones de dólares y una de las pocas empresas que fabrica viscosa, por lo que los grandes «monstruos» de la moda rápida le compran materia prima. Entre ellos, Grupo Inditex,

Rishi Sharma, gerente de mercadotecnia y ventas Aditya Birla explica que la viscosa es una fibra proveniente de la madera por lo tanto es de origen natural y ecológica, pero no dice que en la extracción de la celulosa para crear las fibras es química y que una de las substancias utilizadas con mayor efectividad es el arsénico, el cual es altamente tóxico para el medioambiente y para el humano.

La empresa tiene una planta tratadora de aguas residuales, donde el control para saber si el agua está libre de tóxicos consiste en que un empleado saca una muestra de agua, la vierte en su mano y, si no le produce comezón, entonces proceden a vaciar el agua en el río.

Deni Riswandani, integrante del Grupo ecologista Elingan hizo una investigación donde descubrieron que se vierten mil 230 litros de deshechos por día al Río Citarum, que cuenta con una extensión de 270 kilómetros a través de Java Occidental, Indonesia. Este río es uno de los más largos de la isla de Java. Actúa como fuente de vida para más de 30 millones de personas. Sin embargo, un estudio reciente nombró al Citarum como uno de los ríos más sucios del mundo. Hay cinco tipos diferentes de deshechos químicos que fluyen a través de su curso, incluidos el mercurio y el arsénico.

El Río Padma, por ejemplo, cuenta con partes donde los contenidos tóxicos son tan elevados que no hay algas ni peces. Está muerto. Sus aguas enferman a las personas que viven en su ribera y los pescadores ahora «pescan» botellas de plástico para vender y sacar unas monedas extras.

Lamentablemente es uno de los muchos ríos severamente contaminados en Bangladesh y en el mundo debido a la industria de la moda. La regularización por parte de las autoridades hacia las empresas textileras es prácticamente nula.

Muchos de los alimentos de origen vegetal que son consumidos en Europa y América son regados con esas aguas contaminadas, la ganadería es suministrada también con la misma agua. Es probable que todos los alimentos de la canasta básica estén infectados de químicos imposibles de extraer.

Los vertederos de ropa

Montañas de ropa en el desierto de Atacama, Chile. Ríos colapsados y taponeados con residuos textiles en Riachuelos, Argentina. Humaredas provocadas por los incendios de toneladas de ropa en Ghana, África.

El problema de la contaminación provocada por la moda rápida no solo se da en el momento de la manufactura, en realidad se trata de un ciclo interminable, pues las mismas empresas, al producir en masa, desechan millones de toneladas de ropa que nunca llega a manos de los consumidores, provocando un problema extra de contaminación.

La ropa que para Europa es basura, la acepta como mercancía América Latina y África, donde llega en contenedores transportados por barco y es recibida por gente que se gana la vida vendiendo «ropa de segunda».

Muchos de los artículos llegan inservibles y se crean cerros de desperdicios textiles que a la larga provocan estragos en el medioambiente, afectando a la biodiversidad y a la población en general.

Tan solo en las costas de Ghana, hay montañas de ropa de hasta 20 metros de alto que llegan a las costas arrastradas por las mareas. Los barcos llegan con 160 toneladas al día de ropa de Europa, de Londres, Dubai y Canadá. E4


Zara, fundador de un sistema construido para devastar

La lista de las empresas de moda rápida es larga y conocida. Entre las empresas de alta gama, se pueden mencionar a Gucci, Prada, Bulgari, United Colors of Benetton. Entre las firmas económicas, H&M, C&A, Boohoo, Prety littel, Zalando Nike, Adidas, Tommy Hilfiger Inc., Calvin Klein Inc., Vans y Grupo Inditex que abarca casas como Zara, Pull&Bear, Bershka, Stradivarius, Massimo Dutti, Zara Home, Oysho.

El creador de este catastrófico sistema es Amancio Ortega, fundador y dueño de Zara, quien tiene alrededor de 7 mil 500 sucursales en 100 países

Zara lanza 65 mil nuevos productos al año. Es mucho en comparación con los confeccionistas convencionales quienes producen unas 5 mil prendas por año.

Eso significa que Zara confecciona 200 prendas nuevas por día. Es decir, Zara cambia sus tendencias cada semana en contraste con otras marcas convencionales que cambian su colección cada cinco meses.

Zara se originó en La Coruña, España, donde se encuentra la sede de Inditex registrado bajo el nombre de «Grupo O Consorcio Inditex», el cual tiene 170 mil empleados y factura la módica cantidad de 300 mil millones de euros al año.

Amancio Ortega es una de las personas más ricas del mundo, mismo que nunca ha dado una entrevista. No le gusta hablar con los periodistas.

En el modelo de producción de Zara, pasan cuatro semanas desde la toma de decisión de un nuevo modelo hasta la exhibición de éste en las salas de las tiendas. Así que todas las semanas hay algo nuevo por descubrir.

En la página de internet de grupo Inditex se pueden leer lemas que sustentan la veracidad de sus diseños, la preocupación por sus empleados y el cuidado por el medio ambiente mismas que distan mucho de la realidad.

También podemos ver gráficas y estadísticas de porque la empresa no contamina. Enumera con detalle el consumo energético, el consumo de gas natural, gasóleo. También hacen un preciso reporte de la emisión de gases de efecto invernadero proveniente de sus fábricas. Afirmando; Todas las fabricas propias del Grupo, todas ellas localizadas en España: Goa, Fios, Indipunt, Samior, Stear, Denilo, Sabßon e Inditex Cogeneración.

Sin embargo, desde el 2011 en Brasil hay informes de trabajo en condiciones de esclavitud en talleres subsidiarios de una intermediaria de costura para la marca Zara, lo que muestra que la industria de Inditex ha estado subcontratando empresas en países terceros talleres de costura, maquiladoras y textileras por los bajos costes de producción, de esta manera puede lavarse las manos a la hora de ser confrontados por la falta de ética laboral, medioambiental y económica.

Grupo Inditex, una firma que llegó para quedarse lamentablemente es un modelo a seguir para pequeños consorcios textiles y sin nadie que los detenga. E4

Mexicana. Estudia música en Klagenfurt. Vivió en Viena varios años y ama este país (Austria) desde que llegó. Su pasión es descubrir y escribir sobre las anécdotas y experiencias de personas que luchan por un mejor futuro.

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