Otro virus

Dentro de la larga lista deficitaria del país, sería muy recomendable atender la división social, alentada, tristemente, desde lo más alto del poder, por quien se autonombra pacifista. La voz más influyente, desde la primera tribuna del país, debería ser fuente de unión, ejemplo de respeto y congruencia entre el dicho y el hecho. No es así. Cuando desde el púlpito presidencial las palabras se usan para ofender en lugar de instar al respeto, destruir en lugar de construir, disolver esfuerzos en lugar de sumarlos, cuando eso sucede, el primer mandatario juega con fuego y de paso falta a su palabra en aquel juramento constitucional con el que se le dio la mayor investidura pública de México; ese día en que tomó posesión del cargo, en vez de hacer un llamado de unidad, aprovechó para lanzar ataques. Su lógica es la del conquistador español (del que ha renegado): arrasar y construir a partir de las ruinas.

Y aunque es justo reconocer que la división social no inició este sexenio, sí se ha exacerbado intencionalmente. ¿Tendremos otra oportunidad perdida? Con un nivel de apoyo social alto, el presidente podría unir al país en pro de sus causas y no lo ha hecho. Nos toca, a quienes sí queremos un México unido, hacer lo nuestro.

La película libanesa El insulto debería ser vista en todas las escuelas y en todas las empresas como una vacuna a la sustancia que se emana todas las mañanas desde Palacio Nacional. Esta cinta multipremiada cuenta una historia muy simple: en un barrio de palestinos en Beirut, un incidente menor, el chorro de agua desde un balcón hacia la calle, salpica al jefe de una cuadrilla de trabajadores. Viene una discusión entre el refugiado palestino y el cristiano libanés. Una situación en donde ninguno tiene culpa escala y se complica innecesariamente. Estamos ante una situación cotidiana, un altercado vecinal, de esos que suceden con mucha frecuencia en cualquier sociedad.

Como suele sucedernos a todos, los protagonistas de la anécdota están marcados por eventos de su pasado. Se trata, sin embargo, de dos buenas personas a quienes aparentemente les falta muy poco para entenderse, aunque les sobra carga ideológica y prejuicios. Tony, el cristiano, es sobreviviente de la masacre de Damour. Yasser, el palestino, quedó impactado por el llamado «Septiembre negro», en Jordania. Estos sucesos condicionan su forma de ver y significar al otro.

La cinta aborda varios ángulos. La incapacidad para pedir una disculpa a tiempo, la ausencia de un diálogo constructivo, la falta de formación emocional para enfrentar un conflicto, el odio racial aprendido por años, los prejuicios y la falta de empatía para ver las cosas desde el ángulo del otro, el encono, el resentimiento y el fanatismo. Las sociedades enferman, como las personas, y requieren tratamiento. Ver la película, analizarla en el salón de clases, tener foros y debates al respecto, podría hacernos conscientes de lo que significa estar afectados de resentimiento y eventualmente detener el contagio que permanentemente cultiva la Presidencia.

Mucho del rencor se genera en pequeños eventos que no fueron sanados y con el tiempo crecieron hasta formar abismos. Me gustaría entender, confieso, de dónde se ha nutrido el irracional resentimiento que el presidente de México tiene contra tantos actores de la vida política y social. Un resentimiento que contagia, como virus, a propios y extraños. Me gustaría viajar en el tiempo para ver en qué momento se fraguó su visión en la que para transformar a México es necesario fracturarlo socialmente, generar odio todas las mañanas, apuñalar con palabras al adversario en turno.

La división clasista del país no es obra de López Obrador. Él es consecuencia de un país donde la segregación racial es marcada. Claro, lo que menos necesitamos es un presidente vengativo, sino uno conciliador. La complejidad del momento exige pedirle al mandatario que deje de ser lo que sabe ser, un beligerante opositor que se beneficia del enfrentamiento y contagia el odio, para actuar como lo que no ha sabido o no ha querido ser, el presidente de todos los mexicanos que llame a la unidad y la prosperidad de la unión, sumando esfuerzos a partir de nuestras coincidencias.

Que deje de ser el oresidente del resentimiento para ser el presidente de México.

Fuente: Reforma

Columnista.