Pedro Pantoja, el sacerdote que afrontó a los poderosos para cobijar al migrante

«Quien no acompaña en el campo a sus defendidos no interioriza las penurias que atraviesan y toda la sensiblería pregonada en los discursos no es más que de dientes afuera»

Sin alardes, la casa Belén recibe premios

Logros del albergue…

Para los migrantes, México no es un país amigable, así se constata a diario; primero, por los retenes que intentan frenar su ingreso por la frontera sur; segundo, por las inenarrables penurias que padecen quienes atraviesan el largo corredor de la muerte en que se ha convertido este país. También por la respuesta ruin de autoridades que, o hacen de vista gorda, o extravían las demandas y reclamos por agresión, secuestros y asesinatos de migrantes en largas tramitologías con las que justifican su adhesión a protocolos internacionales de derechos humanos, dijo a Espacio 4 el presbítero Pedro Pantoja —fallecido el 18 de diciembre pasado—, en entrevista realizada en febrero de 2020.

«Esa es parte de la lucha diaria que nos toca enfrentar», apuntó y agregó que de eso tenía «ejemplos contundentes».

En un documental del canal Casa en Tierra Ajena, declara que el colectivo de activistas pro derechos humanos al cual pertenecía, en 2009 tenía documentados 9 mil 700 secuestros en el país, los cuales habrían dejado ganancias en torno a los 25 millones de dólares al crimen organizado.

El sacerdote puntualiza: «Cuando le llevamos esos datos al presidente Calderón en el informe Bienvenidos al infierno del secuestro, el gobierno reclutó académicos “de altos vuelos” para que nos respondieran, y ellos nos desacreditaron al calificar nuestro informe con la sentencia: “Carece de metodología científica”. Además, a través de un representante, Calderón nos dijo: “Nueve mil 700 secuestros son muy pocos para que el Estado pueda hacer algo por los migrantes. Tráigame más”. Meses después (24.08.10) sucedería en San Fernando, Tamaulipas, la masacre de los 72. En cuanto pudimos, contactamos a ese mismo funcionario para decirle: “¿quiere más?”».

Luchador social

Pedro Pantoja Arreola, psicólogo con especialización en sociología y sacerdote diocesano formado bajo los preceptos de la teología de la liberación, dejó constancia de su vida y obra a través de publicaciones de la Diócesis de Saltillo, organismos nacionales e internacionales de derechos humanos y de los galardones que recibió por su labor humanitaria. Asimismo, existe un acervo audiovisual sobre su trabajo y experiencias.

En lo tocante a su lucha en favor de los migrantes en Saltillo, en 2002 se sumó al esfuerzo de un par de religiosas que desde un año antes ofrecían apoyo a los centroamericanos que pasaban por Saltillo en su ruta hacia Estados Unidos. La iniciativa, con respaldo de la Diócesis, aspiraba a desarrollar un albergue. Pantoja venía de Ciudad Acuña, donde fundó la Casa Emmaús para atender, principalmente, a migrantes mexicanos.

Fue el obispo Raúl Vera quien lo llamó, pues requería de su experiencia y preparación para apoyar a los migrantes víctimas de secuestro, extorsión o vejaciones. También para implementar medidas que evitaran más asesinatos. En ese año, Delmer Alexander Pacheco Barahona y José David «El Moreno», hondureños de 16 años fueron acribillados por el soldado Ricardo Olvera Venegas mientras dormían junto a las vías del ferrocarril; un año después, el hondureño Ismael de Jesús Martínez Ortiz (34 años) fue apedreado por guardias del tren, hasta matarlo.

Bajo ese contexto, a Pantoja le desconcertaba lo difícil que era despertar la solidaridad saltillense cuando urgía edificar y acondicionar el albergue. Aseguraba que el recelo social era particularmente instigado desde las clases altas, por los potentados, empresarios locales considerados líderes de opinión con influencia tanto social como política.

Y aunque reconoció que él personalmente tenía antecedentes de no aceptación local por su compromiso histórico con las luchas sociales —manifiesto desde 1974, cuando apoyó la huelga gigantesca de Cinsa y Cifunsa—, no esperaba que el rechazo persistiera después del año 2000.

En una reunión «sumamente borrascosa», comentó a Casa en Tierra Ajena, «un grupo de saltillenses —empresarios que presumían su vivencia católica—, dijeron sin tapujos: “De ninguna manera vamos a colaborar con usted. Los migrantes no pueden ser sujetos sociales de una asociación civil. Son gente invasora y violadora del Estado”».

La réplica de Pantoja fue tajante: «Bueno, ¿todos ustedes son creyentes?, ¿son verdaderos cristianos?… Pues yo les voy a contestar en una forma realmente agresiva. Recordando el capítulo 12 del libro del Génesis, cuando Abraham es llamado por Yahvé para ser migrante y lo manda a formar pueblos nuevos, le dice: “Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan”. De modo que, señores empresarios, ¡están malditos! Les dejo una maldición».

Acción providencial

A lo largo de 20 años, la posada del migrante ha padecido carencias en muchos sentidos, sobre todo de infraestructura. Solía ser una bodega, y una parte del terreno se convertía en un lodazal cuando llovía, pero, «la Providencia siempre resuelve», decía Pantoja.

Respecto a la infraestructura, narra que un día recibió una llamada de Francisco Gerardo Aguirre Hernández, quien, tras saludarlo, le preguntó

—¿No te acuerdas de mí?

—No, no me acuerdo.

—Tú y yo fuimos compañeros en la escuela primaria, en Parras de la Fuente. Ahora soy director de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC). Con mis alumnos y con el fondo de la Facultad, te queremos reconstruir esa casa.

Al proyecto se sumó el Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), organismo que convocó a los alumnos de la institución a participar en el concurso «Construcción del Albergue para Refugiados dentro de la Casa del Migrante Saltillo».

Durante su participación en el evento de premiación a los alumnos que ganaron el concurso, el padre Pantoja expresó: «con esto entramos a una nueva dimensión histórica. Este diseño representa una vivienda revolucionaria acorde a nuestras circunstancias y necesidades actuales».

Acoso criminal

Con su vida consagrada a la defensa de los derechos humanos, Pedro Pantoja tenía claro el peligro que enfrentaba, «pues el crimen organizado cubre un amplio abanico de actividades económicas a través de las cuales “lava” el dinero mal habido y, al amparo de una colusión política que le permite operar a la sombra, teje sus negocios». Deploraba que la delincuencia hubiera encontrado en los migrantes una fuente redituable, ya sea a través de la trata de blancas, las extorsiones o el reclutamiento forzado de jóvenes.

Con todo eso encima, no solo pasaba apuros para conseguir lo básico al momento de ofrecer alojamiento y comida a los migrantes, también afrontaba el acoso y los ataques hacia el incipiente albergue Belén, Posada del Migrante.

Si bien la desconfianza y el rechazo a los centroamericanos por parte de los vecinos de la casa se diluía poco a poco, las rondas de la delincuencia organizada en torno a las instalaciones —pues veían a los migrantes como mercancía—, consiguieron intimidar a brigadistas internacionales que prestaban apoyo voluntario en el lugar, situación que terminó por provocar su retirada.

Habría de pasar más de un lustro de penurias y ataques para que la ciudadanía diera muestras de aceptación y solidaridad. Jóvenes universitarios se acercaron para ofrecer su ayuda, y las familias empezaron a donar alimentos, zapatos y ropa nueva o en buen estado. En correspondencia, como labor social, los migrantes eran invitados a participar en campañas de donación de sangre o a realizar labores de remozamiento y reparaciones en escuelas. Después empezaron a ser ocupados en trabajos de jardinería y albañilería.

Sin embargo, esto no duraría mucho. Luego vendrían años más aciagos, cuando el cartel de los Zetas sentó sus reales en Coahuila y se infiltró en los cuerpos policiacos municipales y estatales.

«No cabe duda de que el padre Pedro fue un apóstol que nos enseñó que sí vale la pena gastar la vida por cambiar el mundo».

Obispo Raúl Vera

Durante el mandato de Humberto Moreira (2006-2011) y de Felipe Calderón (2007-2012), la ola de secuestros aumentó y proliferaron las desapariciones. Las fosas clandestinas en Coahuila y otros estados se multiplicaron. Los restos de cientos de cadáveres podrían no ser solo de migrantes, sino también de mexicanos.

Moreira y Calderón se fueron, pero la violencia, no. En 2012 la Red Todos los Derechos para Todas y Todos (Red TDT), que agrupa a decenas de organizaciones de la sociedad civil, informó que miembros de Belén, Posada del Migrante eran objeto de nuevas agresiones.

En diciembre de ese año, a Pantoja le robaron documentos confidenciales, y un desconocido amenazó vía telefónica con atentar contra sus colaboradores, e incluso aunque ya contaban —desde abril de 2010— con medidas cautelares, denunciaron que «el Estado era ineficiente al implementarlas, pues las agresiones eran recurrentes».

En cuanto a asesinatos de migrantes en Saltillo, sigue impune el del hondureño Marco Tulio Perdomo Guzmán (29 años), ocurrido el 31 de julio de 2019. El joven recibió disparos de un elemento de la Fiscalía del Estado de Coahuila, el cual, con la complicidad de sus compañeros, le sembró droga y armas a la víctima para justificar alegatos de legítima defensa, según pesquisas de la Comisión de Derechos Humanos de Coahuila (CDHEC) y de la propia Fiscalía General del Estado.

Contrastes

Frente al desempeño de Belén, Posada del Migrante, y de otros organismos civiles, cuyo trabajo es discreto y eficaz, instituciones como la Academia Interamericana de Derechos Humanos (AIDH) fueron creadas para el lucimiento de su autor (el exgobernador Rubén Moreira) y de su muñidor (Luis Efrén Ríos). Mientras aquellos viven de la solidaridad, la AIDH tiene un presupuesto anual de 40 millones de pesos anuales.

De acuerdo con el exdiputado panista Marcelo de Jesús Torres Cofiño, «la AIDH tiene más presupuesto que otras dependencias de mayor trascendencia, como el Tribunal Electoral del Estado de Coahuila, la Secretaría Ejecutiva del Sistema Estatal Anticorrupción, la Procuraduría para Niñas, Niños y la Familia, y el Centro de Justicia y Empoderamiento de las Mujeres. Es evidente que fue creada para darles más espacios a personas incondicionales del exgobernador» (Vanguardia, 13.10.18). Luis Efrén Ríos Vega, exasesor electoral del PRI y del gobierno de Rubén Moreira, fue el director fundador de la AIDH.

De acuerdo con el columnista Juan Antonio García Villa, la naturaleza jurídica de la AIDH «es extrañísima, porque la ley la define como autónoma y la adscribe a otro órgano autónomo, como es la UAdeC. Es decir, goza de autonomía al cuadrado. Una vacilada, pues».

Lo que no es una burla es el presupuesto que entre 2018 y 2020 se ha destinado a la AIDH y que, según precisa García Villa, asciende a 118 millones 771 mil 500 pesos. La pregunta es si su actuación los desquita.

En el caso de Belén, Posada del Migrante, sin presupuesto del Estado o del Ayuntamiento, la presión económica es constante. De hecho, hasta sus últimos días, Pantoja debió lidiar con un adeudo por el servicio de agua potable. El monto reclamado por Agsal —socia del ayuntamiento— era de casi medio millón de pesos.

La solución a ese adeudo llegó días después del fallecimiento de Pantoja, a través del Tribunal Superior de Justicia del Estado, quien ordenó al Congreso «modificar la Ley de Aguas para los Municipios, e incluir a los migrantes como grupo vulnerable, entre cuyos derechos están la condonación parcial o total de adeudos por agua».

Para Pedro Pantoja Arreola, la defensa social desde el escritorio es mero «activismo de pipa y guante, pues quien no acompaña en el campo a sus defendidos no interioriza las penurias que atraviesan y toda la sensiblería pregonada en los discursos no es más que de dientes afuera». E4


Sin alardes, la casa Belén recibe premios

A lo largo de 20 años, con Pedro Pantoja como asesor, el albergue Belén, Posada del Migrante enfrentó al sistema de justicia del estado y el país al denunciar a las policías y fuerzas del orden, incluidos los militares, que abusan de los centroamericanos en su trayecto hacia Estados Unidos.

En medio de la guerra contra el narco durante los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto a nivel federal, y de Humberto y Rubén Moreira en Coahuila, Pantoja fue el primero en hablar sobre la forma en que el crimen organizado utiliza a los migrantes como carne de cañón, pero también de la forma en que desde las instituciones de gobierno como el Instituto Nacional de Migración, las policías estatales y municipales y el ejército se tienden nexos con bandas criminales que secuestran, violan, asesinan y desaparecen a migrantes.

Ese tesón y la convicción obtuvo el reconocimiento y respeto de organismos internacionales —ignorados por las autoridades estatales y municipales—. Los galardones demuestran que las carencias no son impedimento para ofrecer ayuda cuando la voluntad es real.

Reconocimientos

En 2011, Belén, Casa del Migrante y su director Pedro Pantoja recibieron el Premio Internacional de Derechos Humanos Letelier-Moffitt, del Institute for Policy Studies en Washington, como reconocimiento a su trabajo por la defensa integral de los derechos humanos de las personas migrantes centroamericanas en tránsito por México.

Joy Olson, directora ejecutiva de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés), señaló: «El abuso que sufren los migrantes en México representa una crisis humanitaria. El compromiso del albergue de Saltillo al protegerlos, pese a las amenazas que ponen al voluntariado al mismo nivel de las víctimas, es lo que se reconoce a nivel internacional con este galardón».

«Este reconocimiento nos llega en el momento en que estamos más golpeados y criminalizados y cuando el nivel de riesgo e inseguridad de los defensores es el mismo que el de las víctimas migrantes, de las cuales somos compañeros y hermanos, y con esta conciencia recibimos el premio, no como caudillos o caciques o expertos académicos en la lucha por los derechos humanos», dijo Pantoja.

En 2014, en su papel de coordinador de la Región Noreste de la Red de Casas del Migrante y Centro de Derechos Humanos, Pantoja recibió el Premio por la Igualdad y la No Discriminación, en su categoría Institucional, por parte del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

En 2018, el rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers, le impuso al padre Pantoja la medalla Alfonso García Robles, «Padre del desarme nuclear en América Latina» y Premio Nobel de la Paz 1982, para distinguirlo como personalidad sobresaliente por su defensa, promoción, protección y garantía de los derechos humanos y civiles de los migrantes. E4


Logros del albergue…

Hasta 2020, de acuerdo con un recuento de avances concretados por el voluntariado que opera la Posada del Migrante:

  • Más de 80 mil personas habían recibido apoyo.
  • Concienció a la ciudadanía local sobre el dolor de la migración para que se solidarizara con ellos.
  • Avanzó en la incidencia política y legislativa a favor del migrante.
  • Cruzó las fronteras internacionales para articular organizaciones y leyes para la defensa de los migrantes.
  • Promovió una Iglesia con liturgia y perspectiva de migración.
  • Innovó la atención humanitaria terapéutica a tortura y secuestro.

Es ingeniero egresado de la Universidad Autónoma de Chapingo con especialización en el área de Economía. Ha ejercido el periodismo en Saltillo. Trabajó en El Diario de Coahuila; se desempeñó como editor, diseñador, fotógrafo, redactor de editoriales y artículos de economía, industria automotriz, cultura e historia de Saltillo en el periódico Vanguardia.