Pérdida del olfato y el gusto

Uno de mis dos lectores y medio, de la revista quincenal: https://espacio4.mx, me describió su estado clínico: «Inicio de fuerte gripa de mediados a fines de diciembre de 2018. Tratamiento: antibióticos como Azitromicina, inyecciones, Cataflam, y Sensibit D. A mediados de enero de 2019 empieza a ceder la gripa, pero no del todo. Y empiezo con la manifestación de la pérdida de los sentidos del gusto y olfato. Me atendió por mi médico de toda la vida y confianza. Luego fui con una doctora otorrino y me dice que la gripa fue tan fuerte como influenza, y que en el tratamiento pudo faltar un desinflamante fuerte. Me dio Tamiflú, previo radiografía de senos paranasales o nasales que indicaban aún inflamación. Y también me recetó Diprospan. Fue quien me dijo que el nervio olfativo se había destruido. Se controló inflamación y gripa, pero no los sentidos perdidos, así que recurrí a medicina alternativa como acupuntura, imanes, microdosis, herbolaria y tengo seis meses con homeopatía. Y hasta la fecha sin resultados».

Todos los compuestos químicos ambientales necesarios para la vida entran en el organismo por nariz y boca. Los sentidos del olfato (olfacción) y del gusto (sabor) vigilan esos compuestos, determinan el sabor y la palatabilidad y alertan de peligros como incendios, contaminación del aire, fugas de gas natural y alimentos cargados de bacterias. Cuando estos sentidos son disfuncionales, pueden tener consecuencias físicas o psicológicas adversas.

La capacidad para oler depende de factores, como edad, género, salud general, nutrición, tabaquismo. Existen decrementos notables en la capacidad para oler en más del 50% de la población de 65 a 80 años, y en 75% de los sujetos de 80 años y más. Esto ayuda a explicar por qué muchos ancianos refieren que la comida tiene poco sabor, un problema que puede generar trastornos nutricionales.

Aparte del envejecimiento, las tres causas identificables más frecuentes de hiposmia prolongada o permanente son, en orden de frecuencia, infecciones respiratorias superiores graves, traumatismo encefálico y rinosinusitis crónica.

Las infecciones respiratorias superiores, como resfriado común, influenza o VIH, pueden dañar de forma directa y permanente el epitelio olfativo. Ojo: la pérdida o disminución del olfato y el gusto, no son específicos de COVID. No se dejen «apanicar».

Un estudio indicó que los pacientes con hiposmia —disminución del olfato— pueden mejorar con olores fuertes —aceite de eucalipto— antes de acostarse y al despertar durante varios meses. Puede ayudar el aumentar la condimentación de los alimentos con especias y hierbas aromáticas: menta, albahaca, orégano, romero, tomillo, laurel, hinojo, ajo, zumos y pieles de cítricos, sal, con cuidado de no echar medio salero. Elegir sabores fuertes, como el queso curado o el jamón, y mezclarlos con cremas o verduras para potenciar su sabor. Elegir alimentos templados o calientes. Algunos estudios concluyen que aquellos alimentos con sabor dulce, amargo o umami podrían verse potenciados si se consumen en caliente. Además, si nos basamos simplemente en la termodinámica, en caliente, los alimentos aumentan la liberación de compuestos volátiles y eso potencia el componente olfativo del sabor.

https://www.lavanguardia.com/comer/al-dia/20200415/48503019363/consejos-culinarios-fundacion-alicia-perdida-gusto-olfato-covid-19.html

https://www.lavanguardia.com/vivo/salud/20170118/413442325111/trucos-para-mejorar-olfato.html.

Mis conclusiones para este lector son:

La causa de la pérdida del sentido del gusto y el olfato, fue la infección viral que lesionó los sensores de nariz y lengua.

Lo más frecuente es que la mayoría de los casos de infecciones virales respiratorias tienen el riesgo de alterar el gusto y el olfato en forma leve y pasajera, y muy pocas veces en forma permanente, como este caso, con dos años de evolución. Es decir, es una secuela (lesión permanente) de la infección viral que ya es historia.

El manejo y estudio de este caso fue adecuado y cumple con los lineamientos esenciales de diagnóstico y tratamiento, sin evidencia de negligencia o mala práctica médica.

Nosotros los médicos, curamos, muy pocas veces, aliviamos con bastante frecuencia pero siempre debemos confortar. Mientras este hombre intenta estimular sus sentidos con olores fuertes, además debe imaginarse el sabor de unos burritos norteños de carne seca, así como ilusionarse el seco y fuerte sabor de un mezcal, recomendable para todo mal y para todo bien, también.

En otras palabras: si tu mal tiene remedio, ¿para qué te preocupas?, toma mezcal. Y si sabes que no hay remedio para tu mal, ¿para qué te preocupas? Toma mezcal.

Lea Yatrogenia

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.