Polvo en el viento

No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje…

Mario Benedetti

Cuando termina un año, suceden dos cosas: la alegría de comenzar un nuevo ciclo, pero también la melancolía de ver que no terminamos todo lo que nos propusimos. Sin embargo, los grandes proyectos requieren de un trabajo constante. Las grandes obras se componen de pequeños esfuerzos que se realizan todos los días.

En este año que está por finalizar, si especulamos en la generalidad y tratamos de hacer un recuento, el simple hecho de la pandemia de COVID-19 que no da tregua, parece dar a entender que todo salió de mal en peor. Error, el ser humano aprende mejor de sus errores que de sus éxitos.

A pesar de sonar idealista y sí, creo que todavía circundan dentro de mi mente las ideas de bienestar colectivo, hoy apuesto por las felicidades públicas. Deseo por ejemplo que este nuevo año tengamos un gobierno más claro y menos corrupto, que los migrantes no sean abandonados —tristeza que el prócer Pantoja camina otros rumbos— y dejen de ser maltratados, que la temperatura del planeta no suba tanto como las predicciones lo indican, que no asesinen a una sola mujer más —tristeza que el maltrato sigue sin ceder—, que desaparezca la pobreza en la población infantil…

Por otra parte, sería importante y saludable, concentrarse mejor en las pequeñas cosas, en celebrar la vida, por dura que sea, un día tras otro. Disfruten del amor de los suyos, de la compañía de sus amigos, compren solamente lo que necesitan —espero—. Ahorren energía para la primavera y conserven la salud para disfrutarla; porque como dice mi padre: «primero el uno, luego el dos». Para poder lograr lo colectivo debemos de estar bien con nosotros mismos; no ascéticamente, sino solo bien.

De igual manera, si no fue ayer, puede ser hoy, el dedicar un breve espacio entre nosotros para hacer una revisión de todos los proyectos e ideas que emprendimos, y que sepamos lo que es el inicio de lo incierto, de algo que nos llena de esperanza y que siempre nos revitaliza con grande entusiasmo.

Considero que es importante sentarse a meditar qué queremos lograr y hacia dónde esperamos ir. Si no tenemos la constancia y la lucha diaria de construir las cosas grandes con pequeños detalles, nos quedaremos colocando primeras piedras, pero no acabaremos nuestras obras.

En lo personal, seres queridos se fueron y terrenalmente ya no platican más conmigo, ni están aunque sea en la distancia. Sin embargo, pesa, pero creo que es algo para bien. Finalmente, dejo un pequeño extracto de un antiguo y sabio libro, que considero imperdible ahora que no nos detenemos, y mucho menos, procuramos al prójimo:

«No hagan sus buenas acciones en público para que los demás los admiren (…) no hagas lo que hacen los hipócritas que tocan las trompetas en las calles para llamar la atención a sus actos de caridad (…) que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha».

Aguascalientes, 1982. Cursó sus estudios de Licenciatura en Derecho en la Universidad Autónoma de Coahuila, posteriormente hizo sus estudios de maestría en Gobierno y Gestión Pública en la Universidad Complutense de Madrid. Labora en la administración pública estatal desde el año 2005. Es maestro de Teoría Política en la Facultad de Economía de la UA de C desde el año 2009. Ha sido observador electoral de la Organización de los Estados Americanos en misiones para Sudamérica, en la que participa como miembro de observadores para temas electorales.