PRI y Morena, ¿finalistas para la sucesión estatal de 2023?

La ciudadanía castigó a los partidos el 18 de octubre con su ausencia de las urnas: seis de cada diez coahuilenses se abstuvieron de votar. El gobernador Riquelme recupera el control del Congreso, pero el partido guinda, con cuatro diputados, podría ser la piedra en el zapato. El PAN se desvanece en el estado

Carro completo y cuentas galanas

El tándem Riquelme-Olmos y la sucesión

Una elección conduce a otra, pero nunca reproduce sus resultados. La regla aplica a todos los partidos. El PRI hizo carro completo en los comicios para diputados de 2014, y tres años después estuvo a punto de ser defenestrado. La estadística del proceso del 18 de octubre, en la cual se renovó el Congreso local, prefigura una competencia entre el PRI y Morena por la gubernatura en 2023, a menos que en el PAN se vuelva a realizar el milagro de la multiplicación de los votos. Morena, aun dividido y sin liderazgos ni estructura, tendrá cuatro diputados en la LXII legislatura contra 16 del PRI, tres de Acción Nacional, uno de Unidad Democrática y uno del Verde.

Acción Nacional fue reducido a polvo. Alcaldías que suponía seguras, como las de Torreón y Monclova, ahora están en riesgo y en 2021 podrían ganarlas el PRI o Morena. El partido del presidente Andrés Manuel López Obrador no obtuvo ninguna diputación de mayoría relativa, pero en 15 de los 16 distritos ocupó el segundo puesto con el 20.3% de los votos. La ventaja de Morena para crecer y la confianza del PAN para recuperarse es que el año entrante la participación ciudadana rebasará por mucho el 39.3% del mes pasado. En la jornada del 6 de junio próximo, Coahuila elegirá ayuntamientos y diputados federales.

El Congreso es prioritario para López Obrador, pues de su composición dependerá el futuro de su agenda política. La intención de voto favorece al partido del presidente. La encuesta electoral de Reforma del 1 de septiembre distribuye así las preferencias: Morena 43%, PRI 21% y PAN 20%. La medición de Massive Caller registra algunas variaciones: Morena 40%, PRI 11.8% y PAN 24.2%. Morena es mayoría en la legislatura actual con 252 diputados, seguido por el PAN (77), PRI (48) y PT (46). El resto de los 500 escaños corresponden a Movimiento Ciudadano, Encuentro Social, PRD y Verde.

De acuerdo con diversas pesquisas, en los 15 estados donde se elegirá gobernador, 30 congresos locales y mil 900 ayuntamientos, el voto en cascada favorecería a Morena como ocurrió en 2018. Las circunstancias son distintas, pues el presidente López Obrador tendrá entonces dos años y medio de desgaste, acentuado por la incapacidad de su gobierno para afrontar los problemas de violencia, inseguridad y salud, así como por el nulo crecimiento económico.

El hándicap del PRI son los escándalos de corrupción del sexenio de Peña Nieto. El más reciente se destapó con la detención del exsecretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, en Los Ángeles, California, acusado por la DEA de vínculos con el narcotráfico. El PAN adolece del mismo vicio, pues Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón, es procesado en Estados Unidos por los mismos delitos. La crisis en ambos partidos la profundiza el déficit de liderazgo y de apoyo ciudadano.

Ganar el Congreso de Coahuila no salva al PRI. La prueba de fuego será en el 2021 cuando exponga 8 de las 11 gubernaturas que hoy ocupa: Colima, Campeche, Guerrero, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas. Perder la mitad sería un colapso, pero si Morena se hace con todas, como pronostican las encuestas, sería el final del partido fundado por Calles. Solo le quedarían Coahuila, Estado de México e Hidalgo. Las otras entidades donde también habrá cambio de gobierno son Baja California (Morena), Baja California Sur, Chihuahua, Querétaro, Nayarit (PAN), Michoacán (PRD) y Nuevo León (independiente), en las cuales la intención de voto favorece a Morena.

Satélites fuera de órbita

La elección de diputados del 18 de octubre resultó un fiasco en términos de participación y por la calidad de los diputados. Los antecedentes y el perfil de los candidatos del moreirato —encabezados por el benjamín del clan, Álvaro Moreira— ofrecían la oportunidad para castigar a los responsables de la megadeuda, las empresas fantasma y otros desmanes, pero la ciudadanía volvió a darle la espalda a las urnas y el abstencionismo llegó al 60%. La jornada se desarrolló con el semáforo epidemiológico COVID-19 en naranja, cuya recomendación era quedarse en casa. Días después, Coahuila registró un rebrote que podría cambiar la luz a rojo.

En el ánimo de los coahuilenses pesó más la historia de un poder legislativo abyecto y sometido al gobernador de turno, que la posibilidad de nombrar un Congreso representativo. ¿Cómo lograrlo con partidos divorciados de la sociedad? La mayoría de los candidatos no garantizaban autonomía ni independencia, sino subordinación. El abstencionismo es otra forma de protesta, pues resta legitimidad a las elecciones y a sus resultados.

Los 843 mil votos emitidos en los 38 municipios apenas representan el 39.3% de la lista nominal de electores compuesta por poco más de 2.1 millones de hombres y mujeres. De haberse pospuesto los comicios para el 6 de junio próximo, cuando el país elegirá nueva Cámara de Diputados y Coahuila ayuntamientos, la participación habría sido mayor y quizá otros los resultados. La mayoría priista en la LXII legislatura local (16-9) le restará presión a Miguel Riquelme en el último tramo de su gobierno.

El PAN retrocedió de nueve a tres asientos y Morena subió de dos a cuatro —en ambos casos, todos plurinominales— para convertirse en la segunda fracción parlamentaria. Acción Nacional perdió los cuatro distritos de Torreón y el PRI conservó los suyos en Saltillo. Unión Democrática de Coahuila fue derrotado en Acuña y Sabinas y apenas alcanzó un escaño de representación proporcional. El Verde tendrá también un asiento. Los partidos satélites perdieron su registro: Unidos —del exgobernador Humberto Moreira—, de la Revolución Coahuilense y Emiliano Zapata.

Para Morena, el partido del presidente, los resultados representan un fracaso, aun cuando su votación haya aumentado casi al 20%. Significa, entre otras cosas, que los programas sociales de la 4T y la entrega de apoyos directos a jóvenes, personas de la tercera edad y demás grupos vulnerables, operados por el «superdelegado» Reyes Flores Hurtado, no surtieron efecto en las urnas. Las políticas de AMLO con respecto a AHMSA y la suspensión de compras de carbón por parte de la CFE provocaron crisis y animadversión hacia su gobierno en las regiones de Monclova, Sabinas y Piedras Negras.

La LXII Legislatura, cuya instalación será el 1 de enero próximo, presentará pocas caras nuevas. Regresa Eduardo Olmos (PRI), quien no solo se perfila como líder de la Junta de Gobierno, sino también para la gubernatura. Olmos es el tándem de Miguel Riquelme, como Rubén Moreira lo fue de su hermano Humberto. El Congreso será la plataforma para las elecciones de 2023. La Laguna llegó al poder después de más de medio siglo de no despachar en el Palacio de Gobierno e intentará permanecer otros seis años. La sucesión estatal está en marcha, pero antes deberán pasar las elecciones de alcaldes y diputados federales de 2021.

Los congresos y la alianza

Las maquinarias electorales se mueven con dinero. Y como el financiamiento público no alcanza para el acarreo, el reparto de dádivas y la compra de votos, siempre se ha recurrido a otras fuentes; privadas, en algunos casos, y delincuenciales, en otros. En procesos altamente desairados, como los del 18 de octubre, los partidos con mayor estructura territorial siempre tendrán la mesa servida, así propongan a los peores candidatos, pues la abstención mayoritaria les permite ganar con sus bases. En cambio, cuando la participación ciudadana excede el techo electoral de los partidos, el clientelismo político se neutraliza y el poder se distribuye de mejor manera. No hay carros llenos.

En un entorno económico y político cada vez más difícil, tener mayoría en el próximo Congreso será vital para el gobernador Miguel Riquelme. Primero, porque le permitirá transitar los tres últimos años de su administración con diputados del PRI que le cuiden las espaldas, sobre todo a la hora de revisar las cuentas públicas y cuando haya necesidad de mantener a raya a los alcaldes de otros partidos. Y segundo, porque una legislatura dominada por la oposición, pero crítica y combativa, lo expondría aún más frente a un presidente como López Obrador, dispuesto a someter a los gobiernos locales.

Con mayoría de Morena y sus aliados en 21 legislaturas locales, la Cuarta Transformación pende sobre la cabeza de los gobernadores cual espada de Damocles. Ello explica por qué la Alianza Federalista contra AMLO no ha pasado de 10 miembros. Cuatro de ellos, Javier Corral (Chihuahua/PAN), José Ignacio Peralta (Colima/PRI), Silvano Aureoles (Michoacán/PRD) y Jaime Rodríguez (Nuevo León/independiente) terminarán sus gestiones en menos de un año. Las encuestas señalan a Morena como favorito en esos cuatro estados y en otros de los 11 donde también habrá elecciones el 6 de junio próximo.

Por esa razón, el peor escenario para Riquelme era perder el Congreso con Morena, pues con el PAN se entiende y puede negociar. Así pasó con la bancada liderada por Marcelo Torres Cofiño, virtual candidato panista para la alcaldía de Torreón. Acción Nacional ha obtenido posiciones en el Tribunal Superior de Justicia y en otros ámbitos de gobierno. El diputado Juan Antonio García Villa, quien preside la Comisión Gubernamental y Cuenta Pública, ha sido la voz discordante. Votó contra la designación de magistrados sin carrera en el Poder Judicial, apoyados por su partido, e impugnó los informes de la Auditoría Superior del Estado.

Miguel Riquelme salvó el escollo de las elecciones intermedias —solo de diputados—, pero en 2021 le espera un proceso competido y complicado. La concurrencia de comicios para alcaldes y diputados federales subirá la participación ciudadana al 60% o más. La apuesta del presidente López Obrador es conservar la Cámara baja y la intención del voto favorece a Morena. El riesgo para el PRI es que el voto por el partido de AMLO sea en cascada. Si lo es, se colocará en la antesala de la gubernatura.

Para avanzar en esa ruta, el presidente y Morena tienen a Saltillo en el punto de mira, donde la alternancia siempre ha sido con el PAN. Sin embargo, la postulación de un candidato débil y manipulable por parte del PRI y la nominación de una figura política, incluso extraída de otro partido, podría inclinar la balanza en favor de Morena. Lo mismo puede suceder en Ramos Arizpe y en otros municipios. No obstante el carro lleno, el PRI no ha podido detener la fuga de votos provocada por la corrupción, el nepotismo y el despilfarro en los gobiernos de Moreira y Peña Nieto. E4


Carro completo y cuentas galanas

El carro completo del PRI en Coahuila entusiasmó a tirios y troyanos. Líderes y simpatizantes lo ven como el «renacer» del partido tricolor. El optimismo es explicable después de la felpa de 2018 que lo redujo a tercera fuerza política nacional. Echar las campanas al vuelo es prematuro, pues dos golondrinas (con la de Hidalgo) tampoco hacen verano. El futuro del Revolucionario Institucional dependerá de los resultados electorales de 2021: si gana la mayoría del Congreso federal y retiene los ocho estados que ahora gobierna, entonces sí: el dinosaurio habrá regresado. Hoy todavía está en cuidados intensivos.

Miguel Riquelme superó a su homólogo de Tamaulipas y compañero de la Alianza Federalista, Francisco Javier García, quien casi le hizo «zapato» al partido del presidente López Obrador en 2019 cuando el PAN ganó 21 de las 22 diputaciones locales y Morena solo una. En las elecciones del mismo año, José Rosas Aispuro frenó la ola guinda en Durango al conservar la mayoría de los municipios; el PRI quedó en segundo lugar. Morena se hizo con Gómez Palacio, donde nunca había habido alternancia, y Otáez.

La victoria del PRI en tierras coahuilenses es meritoria desde el punto de vista partidista. Su estructura funcionó y repitió el carro completo de 2008 y 2014 —elecciones intermedias de Humberto y Rubén Moreira— cuando Felipe Calderón y Peña Nieto eran presidentes. El PAN registró la peor votación en su historia en procesos locales (10%) y Morena la mejor (20%). No es la primera vez que Acción Nacional se desploma, pero sí en la que tiene los resultados más pobres.

El triunfo del PRI se ha magnificado por el contexto político nacional, pues se toma como una derrota para Andrés Manuel López Obrador, quien minimizó el descalabro, aunque en términos estrictos no lo sea. Ganar otro congreso local no le habría venido mal, pero su atención está puesta en junio de 2021. Según una máxima de la «dictadura perfecta», «las legislaturas locales son del gobernador» y la federal, «del presidente».

López Obrador ganó la elección presidencial en Coahuila, las dos senadurías de mayoría relativa y tres diputaciones, a las cuales se sumaron una del PT y otra del PAN por la renuncia de uno de sus legisladores. Morena gobierna cuatro municipios: Piedras Negras, Matamoros, Francisco I. Madero —donde terminó la hegemonía priista— y Parras. En la LXII legislatura local será la segunda fuerza con cuatro escaños, uno por encima del PAN. Los resultados no son malos para un partido dividido, sin estructura ni liderazgo.

El carro completo le da al gobernador Riquelme un respiro. Un Congreso de mayoría opositora —máxime de Morena— hubiera convertido la segunda mitad de su administración en un infierno. Sin embargo, el triunfo puede ser engañoso, pues solo votó el 39% de la lista nominal de electores. La ciudadanía decidió esperar al 2021 para nombrar alcaldes y diputados federales.

Extrapolar los resultados de Coahuila e Hidalgo al segundo mayor proceso electoral en México, después del presidencial, puede devenir en frustración. Morena no está en su mejor momento, pero tampoco el PRI y el PAN tienen la suficiente fortaleza para revertir la derrota de 2018. Quienes podrían hacer la diferencia son los movimientos sociales contrarios a López Obrador. Sin embargo, si el desahogo no se convierte en votos el 6 de junio próximo, Morena volverá a ganar. Quizá no con la contundencia de hace tres años, pero triunfo al fin. Hoy la moneda está en el aire. E4


El tándem Riquelme-Olmos y la sucesión

El gobernador Miguel Riquelme no habría podido armar a su gusto el tablero sucesorio ni mejorado la posición de sus alfiles sin las seis diputaciones de Torreón, San Pedro y Matamoros. Ingresar al Congreso por la puerta trasera significa un contratiempo para cualquier aspirante a la gubernatura, aun con el apoyo de su aliado político. Frente a una eventual derrota con el panista Fernando Izaguirre, Olmos tenía una red de protección: segundo lugar en la lista de candidatos plurinominales del PRI. No hizo falta, pues el exalcalde lagunero ganó con más del 53% de los votos.

El tándem Riquelme-Olmos se formó en la burbuja del exsecretario de Gobierno Raúl Sifuentes desde la elección de Enrique Martínez. La mayor parte del grupo fue asimilado por Rubén Moreira e integrado a la campaña de su hermano Humberto Moreira. Riquelme dependía de Olmos, a quien le correspondía ser primero alcalde de Torreón. El PRI lo postuló en 2005, pero el panista José Ángel Pérez lo derrotó. Previamente, Olmos y Riquelme habían perdido como candidatos a diputados locales en procesos separados.

Humberto Moreira rescató a Olmos y lo nombró secretario de Obras Públicas. Para recuperar Torreón, creó exprofeso la Subsecretaría de Desarrollo Regional en La Laguna, cuyos operadores fueron Olmos y Riquelme; el primero volvió a ser candidato en 2008 y recuperó la alcaldía al vencer al panista Jesús de León. El sucesor de Olmos fue… Riquelme, quien antes ocupó la Secretaría de Gobierno con Rubén Moriera y una diputación federal. Olmos estuvo tres años en la congeladora, pero en uno de los viajes del gobernador a China se decidió su futuro. Por lo pronto, presidirá la Junta de Gobierno de la próxima legislatura.

El PRI —ya se ha visto— puede ganar la gubernatura sin La Laguna, como pasó en las tres últimas elecciones, pero sin ella el riesgo de perder aumenta cada seis años. En 2017, Riquelme ganó por un margen de apenas 2.5%. Con mayoría en el Congreso a partir del 1 de enero próximo, Riquelme tendrá mayor margen de maniobra para la sucesión estatal, en cuya pista ahora corre solo el alcalde de Saltillo Manolo Jiménez. Una vez afianzado en la Comarca Lagunera, así haya sido con el voto de la estructura partidista, el gobernador puede equilibrar fuerzas con la capital del estado.

La oportunidad será el año entrante cuando se elijan alcaldes. De la nómina de nuevos diputados surgirán varios candidatos, algunos de ellos derrotados en 2018. Saltillo parece seguro, pero un desliz podría modificar radicalmente el escenario sucesorio en 2023. Si los grupos políticos y los poderes fácticos ganan la apuesta por el continuismo, Morena, sin figuras de peso en el horizonte, podría nominar para la presidencia municipal a un disidente del PRI con experiencia, buena imagen y bien posicionado en las encuestas. Ganar la capital le permitiría al partido del presidente López Obrador no solo alterar el estatu quo, sino poner un pie en Palacio de Gobierno.

Para ampliar la baraja sucesoria y soltar amarras, Riquelme necesitaba un lagunero en el Congreso. Marcelo Torres Cofiño atrajo los reflectores como presidente de la Junta de Gobierno, pero es del PAN. Para el gobernador, Olmos era el indicado. Juntos recorrerán los próximos tres años, los más difíciles. La sucesión no está decidida todavía por nadie. Sin embargo, La Laguna no ha ligado dos sexenios en el Palacio de Gobierno. El monopolio lo ha ejercido Saltillo. E4

Torreón, 1955. Se inició en los talleres de La Opinión y después recorrió el escalafón en la redacción del mismo diario. Corresponsal de Televisa y del periódico Uno más Uno (1974-81). Dirigió el programa “Última hora” en el Canal 2 de Torreón. Director del diario Noticias (1983-1988). De 1988 a 1993 fue director de Comunicación Social del gobierno del estado. Cofundador del catorcenario Espacio 4, en 1995. Ha publicado en Vanguardia y El Sol del Norte de Saltillo, La Opinión Milenio y Zócalo; y participa en el Canal 9 y en el Grupo Radio Estéreo Mayrán de Torreón. Es director de Espacio 4 desde 1998.