Relevo pastoral

«Sus vigías están ciegos, ninguno se entera; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar»

Isaías, 56:10

La Iglesia católica perdió legiones de fieles en la última década, al pasar del 82 al 77 por ciento, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020. El cristianismo protestante creció de 3.7 a 11.2 puntos porcentuales y la proporción de personas arreligiosas, de 3.4 a 8.1. El grupo más importante es el católico, con más de 97.8 millones de creyentes, pero su retroceso constante debe ser motivo de atención por parte de la jerarquía y los pastores de la Iglesia fundada por Cristo.

Monseñor Hilario González García asumió la Diócesis de Saltillo en el contexto de un mundo cada vez más descreído. Procede de Nuevo León donde en los últimos años se desempeñó como obispo de Linares, nombrado por el papa Francisco. Una chispa de su humor la tuvo con Rosalío González: «No soy de palo ni Kalimán», el superhéroe mexicano de radio e historieta, famoso entre los 60 y 80 del siglo pasado (Zócalo Saltillo, 28.01.21). Definido por el reportero como austero y aficionado de los Rayados de Monterrey, la frase de este hombre de Dios según la cual «entre menos es mejor», refuta, en el ámbito coahuilense, el triunfalismo cínico del clan («más mejor») que financiera y moralmente arruinó al estado e incluso combatió a la Iglesia y sus valores.

Del obispo emérito Raúl Vera López no se puede esperar menos que prosiga, con la misma fogosidad, su labor por la justicia social y la defensa de los derechos humanos, siempre al lado de los pobres y marginados (comunidades originarias, migrantes, obreros y víctimas de la violencia machista y criminal), la cual le hizo acreedor al Premio Rafto 2010. «Crítico intransigente del abuso del poder y defensor valiente de los inmigrantes, los pueblos indígenas y otros grupos en peligro». Así lo calificó la fundación, promotora de la libertad intelectual, política y económica, creada en memoria del activista sueco de derechos humanos Thorolf Rafto.

El premio cumple a cabalidad la función de escaparate para «voces independientes que debido a regímenes opresivos y corruptos no siempre escuchan». Los adjetivos, incluido el de sordo, casan a la perfección con el «moreirato» cuyos abusos denunció el obispo dominico, blanco de la insania del clan y sus adláteres 12 de los 20 años que estuvo al frente de la diócesis de Saltillo, mutilada para crear el distrito de Piedras Negras en 2003. Cuatro ganadores del Rafto (Aung San Suu, José Ramos-Horta, Kim Dae-jung y Shirin Ebadi) obtuvieron después el Premio Nobel de la Paz. Vera fue candidato en 2012, pero el Comité Noruego se decantó por la Unión Europea.

«De la diócesis rebelde (San Cristóbal de las Casas) a la diócesis dormida (Saltillo)», escribió el periodista Jesús Cedillo en Espacio 4 sobre el traslado de Vera, de Chiapas a Coahuila. El fraile despertó y movió conciencias, arrancó caretas y afectó intereses. Su nombramiento, hecho por el papa Juan Pablo II, provocó espasmos y escozor desde su anuncio. Vera fue un revulsivo. Sacudió las estructuras de la Iglesia y del poder. Se metió al desierto, a las minas, a la frontera y al campo depauperado.

También denunció corrupción y abusos de autoridad, pero ni las campañas bajunas, ni las amenazas del poder ni la invasión a su privacidad lo doblegaron. La comunicación «México: Asesinatos, desapariciones forzadas y torturas en Coahuila de Zaragoza constituyen crímenes de lesa humanidad», presentada por el obispo el 6 de julio de 2017 ante la Corte Penal Internacional, echó abajo el tinglado de Rubén Moreira para coronarse «paladín de los derechos humanos». Con el sacerdote Pedro Pantoja formó un tándem insuperable en favor de los migrantes. Colaboradores suyos, como Jackie Campbell, hicieron temblar, con un simple mural dedicado a las víctimas de feminicidio, a autoridades cuya mejor táctica es la de avestruz y la de azuzar jaurías.

Como obispo emérito «no seré perro mudo», declaró don Raúl al mismo Rosalío González (Zócalo Saltillo, 10.10.20). La propia orden a la que pertenece, fundada por Santo Domingo, en cuya iconografía es común encontrar un perro pastor, jamás se lo permitiría.

Torreón, 1955. Se inició en los talleres de La Opinión y después recorrió el escalafón en la redacción del mismo diario. Corresponsal de Televisa y del periódico Uno más Uno (1974-81). Dirigió el programa “Última hora” en el Canal 2 de Torreón. Director del diario Noticias (1983-1988). De 1988 a 1993 fue director de Comunicación Social del gobierno del estado. Cofundador del catorcenario Espacio 4, en 1995. Ha publicado en Vanguardia y El Sol del Norte de Saltillo, La Opinión Milenio y Zócalo; y participa en el Canal 9 y en el Grupo Radio Estéreo Mayrán de Torreón. Es director de Espacio 4 desde 1998.