Renuncia ciudadana a la política pasa factura; ganan cleptócratas

El activismo de escritores, artistas y sindicalistas comprometidos permitió derribar dictaduras en Europa y América Latina y arraigar las libertades. En México los partidos, sin ideología ni liderazgo, echan mano de celebridades para ganar votos. La política también es un espectáculo, solo que menos serio

De Pellicer y Jaime Sabines a Paquita la del Barrio

Los ídolos populares están fuera de los partidos

La postulación de artistas, cantantes, luchadores, reinas de belleza y otras celebridades, para gobernador, alcaldes y diputados, escandaliza a medio mundo, como si la política no formara parte del show business desde el declive de los partidos y las ideologías, a escala global. Un caso paradigmático es el de Donald Trump, cuya plataforma para ganar la presidencia de Estados Unidos no fue el parlamento o la experiencia de gobierno, sino los platós de la NBC donde grababa el programa de telerrealidad El aprendiz.

Ronald Reagan se cuece aparte. Este descendiente de irlandeses fue comentarista deportivo de radio y televisión, líder del Sindicato de Actores de Cine y portavoz motivacional de General Electric, pero desde joven se decantó por la política. Decepcionado del Partido Demócrata, cambió al Republicano para combatir el comunismo. Gobernó California en dos periodos consecutivos, el primero, cuando tenía 55 años, y a los 70 derrotó a Jimmy Carter, y después a Walter Mondale, para ocupar ocho años el Despacho Oval. En tándem con la primera ministra inglesa Margaret Thatcher puso fin a la Guerra Fría e implantó el modelo neoliberal.

Reagan figura entre los presidentes mejor calificados en los anales de Estados Unidos. Iwan Morgan, especialista en historia de EE. UU. de la Universidad Colegio de Londres, y David C. Eisenbach, experto en la historia presidencial de la Universidad de Columbia, colocan en los tres primeros sitios a Franklin D. Roosevelt, Abraham Lincoln y George Washington. En las posiciones cuatro y cinco difieren. Para Morgan, esos lugares corresponden a Harry S. Truman y a Ronald Reagan. Eisenbach propone a Theodore Roosevelt y a John F. Kennedy (BBC News, 06.11.16).

«Dicen que la política es la segunda profesión más antigua. Me estoy dando cuenta de que cada vez se parece más a la primera».
«Las mejores mentes no están en el Gobierno. Si hubiera alguna, el sector privado se las habría robado».

Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos, 1981-1989

En el caso de Barack Obama, el primer presidente afroamericano de Estados Unidos, los historiadores prefieren esperar hasta tener una perspectiva más clara de su legado, pues incluso el retiro de tropas de Afganistán e Irak, considerado uno de sus mayores éxitos, no ocurrió «en condiciones que permitieran a EE. UU. cantar victoria en forma inequívoca», dice Morgan. Obama «será recordado como un presidente muy bueno, pero va a tomar tiempo para Estados Unidos y el resto del mundo apreciarlo en su totalidad», dice Eisenbach.

Los peores presidentes, de acuerdo con la misma evaluación, son George W. Bush, debido a la guerra contra Afganistán; Andrew Johnson, cuyo deseo era «preservar al sur como el país del “hombre blanco”», también fue el primero en ser acusado de violar la ley por deponer funcionarios sin autorización del Congreso, pero la falta de un voto en el Senado lo libró de ser juzgado; James Buchanan, por no evitar que «Carolina del Sur declarara su separación de la Unión, uno de los momentos que precedieron la Guerra Civil»; y John Tyler, por llevar «su agenda propia hasta convertirse en un confederado activo en 1861».

Si el tiempo será quien le asigne a Barack Obama —Premio Nobel de la Paz 2009— su lugar en la historia de Estados Unidos, Donald Trump se ganó a pulso el suyo entre los peores líderes de su país y del mundo. Los adeptos del showman neoyorkino lo equiparan a Reagan, pero es otro quien pudo haber sido su verdadera inspiración. No solo por supremacista, sino también por infringir la ley. Pero ni Andrew Johnson llegó al extremo de generar una crisis institucional como la del 6 de enero por el asalto al Capitolio.

Lucrar sin riesgos

El desprecio por los partidos aleja de la arena política a ciudadanos libres, comprometidos y honestos. Sin embargo, la repulsa y la comodidad de ver los toros desde el andamio los mantiene atrapados en el círculo vicioso de la partitocracia. Pues al quedar las decisiones trascendentes en manos de las cúpulas, los problemas se agravan y eternizan. Las burocracias partidistas son las menos interesadas en modernizar sus estructuras, abrirse a la sociedad y postular perfiles sin ataduras con grupos o mafias del poder. Las candidaturas independientes parecen diseñadas para desalentar la participación política, dado el cúmulo de requisitos y la falta de financiamiento.

La atonía de los partidos y la cobardía para afrontar a quienes lucran con siglas vacías de contenido y sin respaldo social, ha provocado una crisis profunda de liderazgos en el PRI, PAN, PRD y Morena; las demás fuerzas son satélites o, como Movimiento Ciudadano, expresiones regionales con los mismos vicios. La deserción de cuadros no ha servido para crear nuevas corrientes políticas, pues se han sumado a la fuerza dominante (Morena), actúan aislados o han regresado al punto de partida con la coalición Va por México.

Los promotores de la alianza, empresarios e intelectuales contrarios al régimen, tampoco están dispuestos a «ensuciarse» en la política ni a asumir los riesgos de participar desde dentro para fortalecer la democracia y las libertades, o para lograr los cambios que proponen desde espacios protegidos, acaso porque entre bastidores ganan más. En otros países, poetas, artistas, escritores y académicos han vencido prejuicios y comprendido que, sin su participación, las cosas seguirán igual o peor.

Así lo comprendió el dramaturgo y escritor Václav Havel, cuyo apoyo a la Primavera de Praga y a la Revolución de Terciopelo fue crucial. Encarcelado en múltiples ocasiones por oponerse al régimen comunista y defender los derechos humanos, jamás se arredró. El autor de El poder de los sin poder se convirtió en 1989 en el último presidente de Checoslovaquia tras décadas de lucha política y acoso; y tres años después, en el primero de la República Checa, cargo que ejerció por una década. Este país parlamentarista es hoy el más democrático de Europa.

Mas no es preciso ser escritor, político, guerrillero o proceder de una familia acaudalada como la de Havel para derrumbar dictaduras —en la Guerra Fría fueron las comunistas; los signos de las actuales son la mentira, la corrupción y el populismo—. El líder del sindicato Solidaridad, Lech Walesa, lo consiguió en Polonia y también llegó a la presidencia. En América Latina, el cantautor y activista Rubén Blades, quien desde joven abandera las causas de la justicia social y la liberación política, ha sido candidato a la presidencia de Panamá (1994) y ministro de Cultura (2004-2009). A él se debe una frase irrefutable, sobre todo en países como el nuestro: «El poder no corrompe, el poder desenmascara».

En Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, quien desde el sindicalismo combatió la dictadura militar, fue dos veces presidente y colocó a su país entre las economías emergentes más exitosas junto con Rusia, India, China y Sudáfrica (los BRICS). El pasado guerrillero y la cárcel tampoco impidieron a los socialistas Dilma Rousseff (Brasil) y José Mujica (Uruguay) ser presidentes e impulsar cambios profundos, fortalecer la democracia y ser reconocidos en el mundo.

Desplome de los valores

Mario Vargas Llosa dice en La llamada de la tribu (Alfaguara, 2018) acerca de la corrupción: «(es) uno de los fenómenos que más debilita el Estado de Derecho y, en general, el funcionamiento de una democracia; también, por supuesto, del mercado libre». El ensayo trata sobre los pensadores cuyas ideas afianzaron el espíritu liberal del autor, cuando, en la última década de la Guerra Fría, los intelectuales de su generación todavía simpatizaban con la izquierda. En el capítulo dedicado al economista y filósofo austriaco Friedrich August von Hayek, crítico de la economía planificada y del socialismo, debido a su deriva totalitaria, el escritor peruano-español expone las causas de un fenómeno en auge a escala mundial, al cual México se incorporó en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

«El crecimiento inmoderado del Estado facilita la corrupción, sin duda, pero, en nuestros días, acaso la razón primordial por la que ha alcanzado la magnitud que tiene —algo que comparten países desarrollados y subdesarrollados, democráticos y autoritarios— es el desplome de los valores morales, sustentados en la religión o laicos, que el pasado daban fuerza a la legalidad y que hoy día son tan débiles y minoritarios que, en vez de atajarla, estimulan la transgresión de las leyes en razón de la codicia. La última crisis financiera que ha sacudido a los Estados Unidos y a Europa desde 2018 resulta en buena parte de esa voluntad de lucro que llevó a bancos y empresas a groseras violaciones de la ley».

Décadas atrás, Vargas Llosa escuchó no la llamada de la tribu, sino la de su país para salvarlo de la crisis económica, la corrupción rampante y las políticas estatistas de Alan García. El Frente Democrático lo postuló para la presidencia del Perú en 1990. Sin embargo, en el ánimo de los electores pesó más la desconfianza en los partidos que la perspectiva de un cambio real y profundo. Vargas Llosa era amplio favorito, pero Alberto Fujimori, de Cambio 90, tan marginal y desconocido como su candidato, lo venció en segunda vuelta.

«El crecimiento inmoderado del Estado facilita la corrupción, sin duda, pero, en nuestros días, acaso la razón primordial por la que ha alcanzado la magnitud que tiene (…) es el desplome de los valores morales (…) que en el pasado daban fuerza a la legalidad y que hoy día son tan débiles y minoritarios que, en vez de atajarla, estimulan la transgresión de las leyes en razón de la codicia».

Mario Vargas Llosa, La llamada de la tribu

Perú se volvió a «joder». Apenas en el segundo año de su presidencia, Fujimori orquestó un autogolpe de Estado: disolvió el Congreso e intervino el Poder Judicial y otros órganos constitucionales apoyado en las fuerzas armadas. La dictadura populista, el saqueo y la violación sistemática a los derechos humanos duraron 10 años. Fujimori huyó del país y renunció vía fax en 2000; dos años después fue extraditado de Chile. El expresidente acumula sentencias por más de 40 años por homicidio calificado, peculado doloso y apropiación de fondos públicos por cientos de millones de dólares.

Los sucesores de Fujimori —Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humalla y Pedro Pablo Kucyknski—, algunos de los cuales fueron apoyados por Vargas Llosa después de haberlos criticado en campañas previas, terminaron entre rejas o renunciaron por el escándalo de Odebrecht. García se suicidó el 17 de abril de 2019 para evitar su detención.

Vargas Llosa cuenta su experiencia en sus memorias Como el pez en el agua (Alfaguara, 1993), en cuya portada aparece bajo una lluvia de confeti. En 2010 ganó el Premio Nobel de Literatura. «En América Latina todo está por hacerse, la democracia no está allí para quedarse. En ese contexto, el intelectual tiene la obligación de intervenir en el debate cívico. El debate fundamental es el de las ideas», declaró el autor de La civilización del espectáculo (El Heraldo de Colombia, 22.09.16). E4


De Pellicer y Jaime Sabines a Paquita la del Barrio

«Dos son los factores que han impedido el auténtico progreso de México: la falta de una verdadera educación cívica y el desencanto en que han caído las masas por causa de la corrupción», advertía el poeta tabasqueño

Cuando la política era oficio serio —no de la farándula— y estaba dotada de contenido histórico, ideológico e incluso moral, el PRI candidateaba a escritores y poetas para ganar adeptos fuera de los sectores cautivos. Incorporar voces respetadas e independientes oxigenaba al partido de Estado mientras las demandas de democracia sacudían al país. En 1976, los poetas Carlos Pellicer y Jaime Sabines ganaron las elecciones para senador y diputado federal por Tabasco y Chiapas, respectivamente; el primero, como candidato externo.

Andrés Manuel López Obrador se incorporó al PRI para colaborar en la campaña de su paisano, Premio Nacional de Literatura y Lingüística (1964). Pellicer falleció poco después de haber asumido el cargo y su lugar en el Senado lo ocupó Antonio Ocampo Ramírez. «Dos son los factores que han impedido el auténtico progreso de México: la falta de una verdadera educación cívica y el desencanto en que han caído las masas por causa de la corrupción», decía el poeta, quien regresó al país para apoyar al candidato presidencial José Vasconcelos.

Estoy metido en política otra vez.
Sé que no sirvo para nada, pero me utilizan.
Y me exhiben.
«Poeta, de la familia mariposa-circense,
atravesado por un alfiler, vitrina 5».
(Voy ,con ustedes, a verme)


Jaime Sabines (Estoy metido en la política)

«El momento histórico es de combate», advertía Pellicer. «Estamos acercándonos a una gran transición en la historia humana, para que las mayorías dejen de ser víctimas de la explotación. Nunca he creído en la perfección, pero siempre he pensado que las cosas no solamente deben, sino que pueden cambiar hondamente para que unos cuantos no sigan viviendo en jardines suspendidos, mientras casi todos viven en el sótano». Perteneciente a la generación de Los Contemporáneos, el poeta de América fue sepultado en la Rotonda de las Personas Ilustres el 16 de febrero de 1977 por acuerdo del presidente José López Portillo. Ecos de su voz resuenan en el discurso de su discípulo, López Obrador.

Jaime Sabines volvió a ser diputado por el PRI en 1988, esta vez de representación proporcional, por el Distrito Federal. Si en 1976 López Portillo —único candidato presidencial— obtuvo el 100% de los votos, 12 años después México dio un paso hacia la «gran transición» vaticinada por Pellicer. Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel J. Clouthier colmaron calles y plazas en protesta por el fraude para imponer a Carlos Salinas de Gortari en la presidencia con una votación poco creíble: 50.3%. En su poema Estoy metido en la política, Sabines no solo admite su reincidencia, sino también saberse utilizado.

«Estoy aquí por amor, porque así me nace. Yo no sé a qué vengo aquí, ¿me entendieron?».

Francisca Viveros Barradas, Paquita la del Barrio

La postulación de luchadores, cantantes —Paquita la del Barrio—, actores, una boxeadora —Mariana «la Barbie» Juárez— y la ex Miss Universo, Lupita Jones, refleja unos tiempos caracterizados por la banalización de la política, el arte, la cultura y el periodismo, pero, sobre todo, por un profundo menosprecio ciudadano hacia la clase gobernante, los partidos y sus burocracias. Ciudadanos como cualquiera y con el mismo derecho a ser votados, estos mexicanos no son políticos de oficio, pero precisamente por distinguirse de ellos gozan de aprecio y credibilidad, pues son auténticos.

La precandidata de Movimiento Ciudadano a diputada local por el distrito de Misantla, Veracruz, Francisca Viveros Barradas, confiesa sin ambages: «Estoy aquí por amor, porque así me nace. Yo no sé a qué vengo aquí, ¿me entendieron?». La mayoría de los políticos, a quienes acomoda mejor el tema Rata de dos patas, son tanto o más ignorantes, pero fingen erudición; a ellos no los aplaude el público, sino la prensa. Si quienes se escandalizan por ver en las boletas a profanos, tuvieran valor para participar en la política, adecentarla y elevarla, como en el pasado lo hicieron Pellicer y Sabines, este país sería mejor, menos desigual, menos injusto. E4


Los ídolos populares están fuera de los partidos

La elección, en 2018, de un futbolista marrullero como Cuauhtémoc Blanco para «gobernar» uno de los estados más conflictivos del país (Morelos) da una idea no solo de la salud de la democracia en nuestro país, sino también de la calidad de ciudadanos que votaron en masa por un bufón. El caso confirma el aforismo de André Malraux, autor de La condición humana y secretario de Estado y de Cultura en el gobierno de uno de los estadistas más grandes de la historia: Charles De Gaulle, líder de la resistencia contra Hitler.

Los paisanos de Emiliano Zapata, quien sobre la silla presidencial dijo a Francisco Villa: «está embrujada y quien se sienta pierde la razón y el sentido», probaron con todos los partidos. Setenta y un años con el PRI, dos sexenios con el PAN y uno con el PRD. Y no se piense que Blanco, postulado por el Partido Encuentro Social (PES, satélite de Morena), ganó, en términos futboleros, por «la mínima diferencia», sino por goliza. No de balde es el tercer anotador histórico de la Selección Nacional con 38 tantos.

Las encuestas siempre dieron por favorito al exáguila, con márgenes inexplicablemente amplios, no obstante su desastrosa gestión como alcalde de Cuernavaca. Blanco venció con el 52.6% de los votos a tres políticos profesionales: Víctor Caballero (PAN) obtuvo el 14%; Rodrigo Gayosso (PRD, entonces en el poder), el 11.6; y Jorge Meade (PRI), el 6. Montado sobre los hombros de Andrés Manuel López Obrador, cualquiera hubiera arrasado.

La coalición de AMLO —Juntos haremos historia— fue la misma que apoyó al exfutbolista, pero más amplia, pues además de Morena, PT y PES sumó en Morelos al mercenario Partido Verde Ecologista. Morena ganó en la misma jornada las gubernaturas de Ciudad de México, Chiapas, Tabasco y Veracruz; y en 2019, las de Baja California y Puebla para totalizar siete. Este año habrá cambio de poderes en 15 estados, la mayoría gobernados por el PRI. El partido del presidente podría hacerse al menos con la mitad.

Cuauhtémoc Blanco ha sido un fiasco, como la mayoría de los gobernadores. Morelos es un estado a la deriva y el vacío de poder agrava los problemas, pero el Partido Encuentro Social vestirá con su camiseta a otros exfutbolistas para competir para diputados: Adolfo «el Bofo» Bautista y Francisco Javier «el Abuelo» Cruz. El Verde Ecologista seguirá su ejemplo con los exporteros Jorge Campos y Adolfo Ríos, quienes serán sus candidatos para las alcaldías de Acapulco y Querétaro, respectivamente. El PAN se decantó por el clavadista Rommel Pacheco —oro y plata en los Panamericanos de Toronto y Río de Janeiro— para legislador por Yucatán.

El gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, bailaba cumbias en estadios y ceremonias oficiales y se ponía máscara de luchador. Lupita Jones (Miss Universo 1991) y Manuel Negrete (máximo goleador de los Pumas) respetarán más la investidura si ganan las gubernaturas de Baja California y Guerrero, donde fueron postulados por la coalición PAN-PRI-PRD y Fuerza México, respectivamente.

Sobre las aspiraciones políticas de figuras del espectáculo, el presidente López Obrador fijó postura: «De acuerdo a la Constitución, tenemos el derecho de votar y ser votados. No descalifiquemos a priori. Dejemos que el escrutinio, que la decisión quede en manos del pueblo; no estemos pensando que el pueblo es menor de edad, que necesita tutela».

Ubicados en el fondo de la tabla de confianza en las instituciones (Mitofsky), con 5.3 puntos (Espacio 4, 660), los partidos necesitan votos… y la política, espectáculo, el cual, muchas veces, resulta más serio, respetable y responsable. Los ídolos del pueblo no están en los gobiernos ni en los congresos, sino en las canchas y en los escenarios, donde no hacen daño. Peor sería tenerlos en los carteles de la droga. E4

Torreón, 1955. Se inició en los talleres de La Opinión y después recorrió el escalafón en la redacción del mismo diario. Corresponsal de Televisa y del periódico Uno más Uno (1974-81). Dirigió el programa “Última hora” en el Canal 2 de Torreón. Director del diario Noticias (1983-1988). De 1988 a 1993 fue director de Comunicación Social del gobierno del estado. Cofundador del catorcenario Espacio 4, en 1995. Ha publicado en Vanguardia y El Sol del Norte de Saltillo, La Opinión Milenio y Zócalo; y participa en el Canal 9 y en el Grupo Radio Estéreo Mayrán de Torreón. Es director de Espacio 4 desde 1998.