Se fue un buen mexicano e ilustre economista

Cuando faltaban menos de tres meses para llegar a la edad de 93 años, el pasado 25 de junio falleció en la Ciudad de México, donde nació, el notable economista Leopoldo Solís Manjarrez. Egresado de la entonces Escuela Nacional de Economía de la UNAM y con maestría por la Universidad de Yale, Leopoldo Solís fue un acucioso investigador de la Realidad Económica Mexicana, título que dio a la que considero fue su principal obra escrita, a la que agregó como subtitulo: «retrovisión y perspectivas».

No traté y ni siquiera conocí personalmente a Solís, aunque sí parte de su obra. Pero sé decir de él que fue académico prestigioso, técnico capaz, profesional responsable, funcionario público respetable. Buen mexicano. Durante una década, de mediados de la década de los años 70 a mediados de los 80 del siglo pasado, Solís fue subdirector del Banco de México, donde previamente fungió como jefe de su Departamento de Estudios Económicos. Luego, durante la presidencia de Miguel de la Madrid, fue su coordinador de asesores económicos y en 1989 director general del Instituto de Investigación Económica y Social «Lucas Alamán».

Además, en octubre de 1976, fue nombrado integrante de El Colegio Nacional. Su discurso de ingreso, «Economía, ciencia e ideología», fue contestado por el doctor Jesús Silva Herzog. Y diez años después, el 24 de abril de 1986, fue elegido miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, como ocupante de la silla XIX.

Al conocer la noticia del fallecimiento de Leopoldo Solís, el pasado fin de semana, me di a la tarea de localizar el libro de su autoría arriba citado: «La realidad económica mexicana. Retrovisión y perspectivas», publicado en 1970. Una obra que, puede afirmarse, hizo época en su tiempo.

Por fortuna, de inmediato ubiqué el volumen y procedí a darle una rápida revisión a manera de relectura. Tarea que se facilita enormemente cuando en la inicial lectura se le hacen anotaciones, se subrayan líneas y se marcan referencias de concordancia. Encontré que leí el libro el año siguiente al de su publicación, es decir, hace medio siglo. Por la abundancia de mis anotaciones recordé que es uno de esos libros que he leído con total atención y detenimiento. Y que por lo mismo recomendé siempre como obra de consulta cuando en los años 80 y parte de los 90 impartí la materia de Problemas Económicos de México en la UIA.

A contrapelo de lo afirmado por el autor en el prólogo, en el sentido de que elaboró su libro tratando de «evitar todo género de tecnicismos innecesarios a fin de que la obra sea accesible no sólo al economista sino también al estudiante y al no especialista», la verdad es que se quedó a la mitad de su intención, porque su libro está saturado de fórmulas, ecuaciones y modelos matemáticos. Sin embargo, si se procede, como ya se dijo, con total atención y detenimiento, por supuesto que se deja leer y con gran provecho.

Obviamente no se trata de formular aquí —y menos a cincuenta años de haberse publicado— una reseña de tal libro. Pero sí de hacer notar, entre otras cosas, algo que me llamó entonces la atención y dejé anotado como reflexión personal en sus páginas. Fue lo siguiente: que no obstante la prolija información que contiene, incluida la de corte histórico, así como la abundante referencia a teorías económicas, la erudición del autor y los muy copiosos datos, cifras y estadísticas que trae incorporados, con honradez intelectual Solís reconoce las limitaciones, personal y del gremio, en cuanto hace al análisis de la economía nacional. A manera de muestra van cuatro citas, cuyos textos demuestran lejanía de la soberbia y del afán de pontificar:

«En general, y a pesar de su gran importancia, hasta el día de hoy (1970) no se ha investigado en forma satisfactoria el funcionamiento y la influencia del sector público» en la economía mexicana. (pág. 324)

«La falta de investigación sistemática de la economía mexicana ha conducido, en algunos casos, a explicar –escribió Solís– el desarrollo de México como consecuencia de una serie de acontecimientos fortuitos y de actos políticos cuya finalidad era resolver los problemas del momento…» (pág. 330)

«…poco (es lo) que se conoce acerca del crecimiento económico del país». (pág. 331)

«Las limitaciones de países como México, y sus peculiares características, exigen cada vez mayor rigor en el análisis económico…» (pág. 348)

Torreón, 1945. Ha sido diputado local, senador y diputado federal en tres ocasiones, por el Partido Acción Nacional. En 1999, fue candidato a gobernador de Coahuila por la alianza PAN-PRD- PVEM-PT, pero fue derrotado por el priista Enrique Martínez y Martínez. De 2003 a 2004, fue subsecretario de la Secretaría de Economía. En 2004, intentó se nuevamente candidato a gobernador de Coahuila, pero fue derrotado en la elección interna del PAN por Jorge Zermeño Infante. De 2006 a 2008, fue director de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS). Entre otros medios, ha escrito para El Financiero, El Sol de México y Espacio 4.