Segunda ola de contagios aprovecha desidia juvenil

Medidas coercitivas no logran contener la indisciplina social y vuelven a prenderse focos rojos; las nuevas cepas, más veloces, pero menos agresivas: expertos

Economía de la zozobra, dilema nacional

La incapacidad de los gobiernos para implementar medidas de contención eficaces, de mano con la desobediencia de gran parte de la población, el descenso de la temperatura ambiental y la influenza cíclica del cierre de año, han provocado un alza en el índice de contagios dentro de la pandemia.

Incluso con la capacidad del coronavirus para reforzar su facilidad de transmisión, la dispersión de las nuevas cepas no se aceleraría tanto si en la sociedad hubiera permeado a fondo, desde un inicio, un cambio de actitud, consciencia y solidaridad.

El 8 de noviembre se superaron los 50 millones de casos de COVID-19 en el mundo desde que inició la pandemia. De acuerdo con un informe de la agencia de noticias AFP que cita fuentes oficiales, hasta esa fecha, de 50 millones 10 mil 400 infectados, un millón 251 mil 980 (2.5%) había fallecido.

«No hay duda, una gran parte de la población contagiada no sabe que es transmisora del virus, su buena salud y alto nivel de defensas puede hacer que en ellos la COVID-19 sea tomada como simple gripe, y al no acatar el llamado al confinamiento se convierten en vector de transmisión», advierte un comunicado de la Universidad de Granada, España.

En opinión de los expertos, durante el verano los jóvenes actuaron como si la propagación a través de su cohorte no tuviera demasiadas consecuencias, posiblemente porque viven conscientes de que la COVID-19 representa un riesgo mucho menor para ellos que para las generaciones mayores.

Tras salir de un largo confinamiento y al estar en una edad en la que socializar les resulta de mucha importancia, adolescentes y adultos jóvenes se han convertido en los colectivos que registran más casos de infección por coronavirus en la segunda ola.

Así se ha detectado en países europeos que iniciaron una tanda generalizada de pruebas de contagio, de la cual los jóvenes asintomáticos solían ser excluidos y permanecían relajados por creerse un grupo inmune.

La experiencia demostró que regresar a clases presenciales, la convivencia en bares y participar en actividades recreativas puso en contacto a personas no enteradas de que eran portadoras del virus e infectaron, sobre todo, a adultos mayores. De ahí que hoy, en muchas ciudades europeas se hayan vuelto a cancelar las clases presenciales como medida para contener la epidemia.

Sin embargo, con el tiempo, el coronavirus también cruza los límites generacionales igual que los geográficos, algo que en Coahuila ya se pone de manifiesto al confirmarse la muerte de 40 personas menores de 60 años —seis diarios en una semana—, entre los cuales hubo tres veinteañeros.

Aunque los jóvenes no son considerados vulnerables, según datos de la Secretaría de Salud estatal, en la última semana de septiembre se contabilizaron 136 muertes en total, de los cuales 30% eran jóvenes.

Entre los decesos destaca una persona de 20 años, quien falleció el 25 de octubre en Torreón. Dos días después, el 27, se registró el deceso de un joven de 24 años en Piedras Negras y otro de 26 en La Laguna.

La estadística refiere que con cada conmemoración de una festividad se genera un incremento de casos que puede prolongarse varios meses. En Coahuila, la primera ola de contagios ocurrió después de los festejos del Día de la Madre, y no fue hasta el mes de agosto que lograron reducirse las cifras.

Virus más contagioso

Respecto a la rapidez de los contagios en la nueva ola, Ignacio Molina Pineda, catedrático de Inmunología del Centro de Investigación Biomédica de la Universidad de Granada, España, especifica que «eso es precisamente lo que juega a favor de este virus, su capacidad de mutar para acelerar su transmisión», y comenta que el MERS que se diseminó en Oriente Medio en 2012 era más letal —mató al 35% de los enfermos—, pero su limitado potencial de transmisión le impidió diseminarse por el planeta.

«En realidad el SARS-CoV-2 es menos mortífero, pero no deja de ser letal. Es su agresiva facilidad de dispersión lo que llevó a la COVID-19 a escalar a pandemia y disparar la cantidad de muertos a más de 1.2 millones en el mundo, hasta ahora», advierte Molina.

A través de mutaciones, el virus sustituye aminoácidos en las espículas (salientes de la «corona») para interactuar con la furina, una enzima muy activa y abundante en células del pulmón, o con la neuropilina-1, proteína de la superficie de las células humanas, como las de la nariz y tráquea, dice el inmunólogo.

Además, Molina considera que fue precipitado el retorno a las actividades económicas y sociales en el verano. «Debimos esperar más porque, por ejemplo, la variante española detectada el 20 de junio, para el 18 de julio ya estaba en Reino Unido, el 22 en Suiza, el 23 en Irlanda, y en Nueva Zelanda el 22 de septiembre».

Agrega que, al menos, una ventaja es que las nuevas cepas son menos patogénicas y también podrían erradicarse con las mismas vacunas que se desarrollan basadas en la secuencia original de aminoácidos del virus.

Sin embargo, hasta ahora nadie sabe bien a bien qué pasará en los próximos meses. Un equipo de investigadores de la Universidad de Minnesota que presentó un estudio sobre ocho pandemias de gripe desde el año 1700 hasta la actualidad, valoró cómo afectó cada caso a la población, qué consecuencias tuvo y cuánto duraron. Así proyectaron lo que podría pasar con el coronavirus.

En el apunte señalan que «lo primero a aclarar es que la COVID-19 no es un tipo de influenza, aunque sí tiene numerosas similitudes porque ambos son virus respiratorios contra los que no se tienen inmunidad previa. Y, más importante aún, se transmiten antes de dar síntomas».

Desde la primera ola, precisa el estudio, ya se vislumbraba otra más grande para otoño-invierno, «como ocurrió con la mal llamada gripe española; se esperan después otras olas más pequeñas, con picos y valles recurrentes que perderán intensidad hasta algún momento del 2021. No obstante, no hay patrón definido, ni de réplicas ni de subidas o bajadas».

La propagación seguirá hasta que al menos dos tercios de la población mundial sean inmunes. «Ese será el primer síntoma de debilidad del virus. Mientras tanto, encontrar un tratamiento o vacuna ayudará a acelerar el proceso y a salvar más vidas».

Vuelta al confinamiento

Según datos de la Universidad Johns Hopkins, hasta el miércoles 11 de noviembre en México se habían confirmado 978 mil 531 contagiados y 95 mil 842 decesos. La tasa de letalidad es del 9.9%, muy por encima de la media mundial (2.6%). Las autoridades insisten en que el inédito y devastador efecto de la pandemia puede contenerse si se acatan las recomendaciones sanitarias.

La misma población que reclama a sus autoridades la falta de hospitales, medicinas, personal y atención médica, no observa que el problema inicia con la desobediencia al confinamiento voluntario. «Si no es indispensable que usted, sus hijos o familiares salgan de casa, no lo hagan», insiste el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell.

El funcionario señaló que la reapertura económica escalonada en el país fue tomada por la gente como un «ya pasó lo peor», y no es así. Recordó que en numerosas veces se indicó que vendría una ola otoñal más fuerte por el descenso de la temperatura ambiental y a la influenza cíclica del cierre de año.

Hasta el momento, desde el ámbito federal, no se ha decretado confinamiento obligatorio, como en algunos países europeos, continente donde ya han muerto cerca de 280 mil personas y el número de nuevos contagios aumentó 41% en la última semana de septiembre. El temor de saturación hospitalaria obliga a los gobiernos a restringir de nuevo la libertad de movimiento y cerrar sectores enteros de la economía.

En España, Italia, Inglaterra, Portugal, Francia y Grecia son también parte de una veintena de países donde se ha decretado o ya consideran el confinamiento obligatorio.

A medida que se han percatado del alcance del nuevo desastre que se avecina, los líderes han informado a sus ciudadanos que no tienen otra opción más efectiva. Francia presiona al prohibir las reuniones sociales y reprimir las salidas del hogar por cualquier causa que no sea comida, medicamentos o educación. Pero incluso Suecia, defensora de un enfoque de toque ligero, pidió nuevas restricciones el 3 de noviembre, limitó el tamaño de los grupos en los restaurantes y desalentó las reuniones en hogares. La diferencia más notable entre estas medidas y las de la primavera radica en que la mayoría de las escuelas y universidades permanecen abiertas.

Buscan ganarle a la ola, pero resulta poco probable que estos bloqueos sean tan exitosos como en la primera ronda, cuando hubo restricciones más fuertes y la gente estaba menos cansada del sometimiento. Eso obliga a los gobiernos a hacer un mejor uso del tiempo que logran comprar.

Sombrío panorama nacional

En México, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha dejado esa decisión a los gobiernos locales. El horizonte es pesimista. Las reuniones familiares, de amigos o en eventos donde se desatiende el uso de mascarillas o la desinfección, desmoraliza al personal sanitario, que además de la enfermedad enfrentó agresiones y, junto con el personal docente, observa que las dinámicas de la «nueva normalidad», particularmente complicada en ambos sectores, siguen sin anidar en la conciencia colectiva.

Por la irresponsabilidad social, la Secretaría de Salud plantea que frente a un virus que muta y se contagia más rápidamente, adaptar y equipar más hospitales no bastará porque el personal sanitario es el mismo y no solo está agotado, sino también atemorizado por los contagios y muertes en el gremio.

«De los casi siete mil profesionales de la salud en el mundo que han perdido la vida por COVID-19, al menos mil 320 se registraron en México», indica un reporte de Amnistía Internacional publicado el 1 de septiembre. Ea cifra coloca a éste como el país con más personal sanitario muerto bajo esta circunstancia. Le siguen Estados Unidos (mil 077 muertos) y Brasil (634).

Por el repunte de contagios, en el «semáforo COVID» de los estados, hasta el 11 de noviembre destacaban Chihuahua y Durando en color rojo (riesgo máximo), 18 estados —incluido Coahuila— se teñían de naranja (riesgo alto), 12 de amarillo (medio) y solamente Campeche de verde (bajo).

Las entidades con más alta ocupación crítica de camas hospitalarias para pacientes COVID eran Chihuahua (91.6%), Coahuila (75.2%), Durando (67.1%), Nuevo León (58.5%) y Querétaro (56.5%).

Varios estados lanzaron nuevas medidas para frenar la movilidad, como restricciones a los horarios del transporte público, restaurantes, bares y reuniones en casa.

José Aispuro Torres, gobernador de Durango, anunció que para frenar la movilidad, en acuerdo con los concesionarios del transporte público, se suspendería el servicio de autobuses y taxis a partir de las tres de la tarde del sábado y hasta las cinco de la madrugada del lunes. La medida se aplicaría al menos durante dos fines de semana y se evaluaría el resultado para ver si es necesario ampliarla. «Para atender emergencias habría estaciones acordadas con los concesionarios», dijo.

Además, se envió al Congreso duranguense una iniciativa de ley que hace obligatorio el uso de cubrebocas en lugares públicos hasta que concluya la emergencia sanitaria en el país.

Por su parte, en Coahuila, el 11 de noviembre había 2 mil 284 casos activos y 689 hospitalizados —la mayoría en Torreón (337) y Saltillo (219)—. Aunque en esta entidad se alcanzó la cifra de 36 mil 778 contagiados y 2 mil 583 decesos, la gente sigue sin atender las recomendaciones. En Saltillo en la primera semana de noviembre fue común ver familias enteras de paseo o de compras.

Ignoran que Coahuila podría volver a semáforo rojo, lo que obligaría a restringir actividades productivas y comerciales. Se trata de una amenaza latente para la recuperación económica.

El 9 de noviembre, el gobernador Miguel Riquelme firmó un decreto para evitar las fiestas privadas que convoquen a más de 15 personas, y se otorgan herramientas jurídicas a los municipios para presionar. Aunque se indicó que se cuidarán las garantías individuales, también se dejó claro que el mayor número de contagios en la entidad se ha generado a raíz de este tipo de eventos sin los protocolos sanitarios requeridos en quintas, salones y casas particulares.

Al final, prevalece la existencia de gobiernos sin medidas sanitarias claras, así como una ciudadanía —particularmente jóvenes— reticente a someterse a las restricciones. A ellos debemos sumar una comunidad científica desconcertada que no vislumbra la solución definitiva a corto plazo. E4


Aunque las potencias mundiales se afanan por obtener una vacuna, es improbable que surja este año.
De momento, hay al menos nueve candidatas:

  • Inovio (Estados Unidos) (fase I/II)
  • Moderna (Estados Unidos) (fase III)
  • CureVac (Alemania) (fase I)
  • Instituto Pasteur/Merck/Themis (Francia-EU- Austria) (fase preclínica)
  • AstraZeneca/Universidad de Oxford (Reino Unido) (fase III)
  • Universidad de Hong Kong (China) (fase preclínica)
  • Novavax (Estados Unidos) (fase I/II)
  • Clover Biopharmaceuticals (China) (fase I)
  • Universidad de Queensland/CSL (Australia) (fase I)

Economía de la zozobra, dilema nacional

En el mundo, una economía vulnerada y una sociedad cansada por los sacrificios hechos durante la cuarentena, son parte del panorama actual. La pandemia desafía las predicciones respecto a su desarrollo y magnitud frente a países que ya usaron el confinamiento, su principal arma, durante mucho tiempo.

México no escapa al dilema: la crisis generada es profunda y cualitativamente distinta, con dificultades simultáneas para producir y reducir del gasto de consumo y de inversión.

En un reporte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) señala que, por dos años consecutivos, lo generado por la actividad económica en México no compensará el crecimiento de la población. Estima que el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita caerá 9.9% en 2020. En 2019 ese indicador se redujo 1.4% sin una recesión simultánea en varias naciones como la actual.

Sobre la economía en general del país, el FMI informó que, debido a la mejora en las manufacturas en agosto, actualizó la perspectiva de crecimiento para México en 2020, «no caerá 10.5% como se había estimado, el desplome será solo del 9%».

En el reporte de Perspectivas de la Economía Mundial emitido por este mismo organismo se prevé que, luego de dos años de contracción, la generación de riqueza por habitante —PIB per cápita— en México crezca 2.5% en 2021.

El mismo documento indica que la inflación en 2020 cerraría en 3.4%. Si bien la proyección se encuentra en el rango objetivo del Banco de México, sería hasta 2025 cuando baje a 3%. Sobre el mercado laboral en el país, el FMI calcula que el desempleo aumentará a una tasa de 5.2% promedio este año y precisa que, en el mundo, el empleo se mantiene «muy por debajo de los niveles prepandémicos» y tiene como principales afectados a los que ya estaban en peor condición: los trabajadores de bajos ingresos, los jóvenes y las mujeres. Según los estimados del FMI, 90 millones de personas caerán en pobreza extrema el actual año. E4

Periodista