Vacunas listas, ¿gobiernos?…

La posibilidad de que en las últimas semanas de este 2020 inicie la vacunación contra la COVID-19 en el mundo es cada vez más alta y su continuidad en 2021 significará uno de los retos más grandes para los gobernantes y gobernados para lograr una campaña efectiva con el objetivo de disminuir radicalmente el número de contagios y muertes por el virus.

Hay al menos en el mundo tres vacunas cuya efectividad científica está entre el 95 y el 100% para evitar más contagios y por consecuencia el número de ingresos hospitalarios de pacientes graves, son tres compañías que seguramente tienen sus sistemas de producción en acción las 24 horas del día y ya preparan sus protocolos de distribución que están probados incluso sin la ayuda oficial.

Después de casi 8 meses de pandemia la noticia sobre la obtención de las fórmulas de la vacuna y sus pruebas oficiales ante las autoridades, seguramente las farmacéuticas con sus científicos y administradores, prepararon también el plan de producción y distribución no solo para atenuar el impacto del virus sino también para lograr que la Organización Mundial de la Salud (OMS) levante la declaratoria de pandemia.

Dicho levantamiento de la declaratoria mundial permitirá a las farmacéuticas vender las dosis en mejores y más altos precios, tanto a gobiernos como ciudadanos y será ahí donde las inversiones de este año, repercutirán en altos rendimientos económicos para dichas farmacéuticas.

Los gobiernos de todos los países deberán prever dicho escenario y destinar importantes cantidades de sus presupuestos para lograr una vacunación masiva gratuita, primero para evitar nuevos contagios, hospitalizaciones y sobre todo mejorar la productividad y sus economías.

Algunos países, como Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, decidieron invertir recursos públicos en las etapas de investigación y producción para garantizar precios y número de dosis con el fin de administrarlas lo más rápido posible, al mayor número de ciudadanos y sobre todo en forma gratuita y a precios razonables.

Dentro de esa preparación debieron incluir un acuerdo con las farmacéuticas: estrategias, protocolos, e infraestructura para todos los procesos, para que en el futuro no se inviertan más recursos en gastos hospitalarios y funerales y la tranquilidad vuelva a las familias para que puedan producir nuevamente.

En México, el panorama no es el mejor y el optimismo oficial es cuestionable por dos sucesos que se registraron durante la pandemia y la reacción de los ciudadanos seguramente generará reclamos y fallas para los gobernantes.

La primer falla, fue la campaña de vacunación contra la influenza, que fue exhibida ciertamente por una alta demanda de la sociedad que preocupada por el COVID-19, decidió aplicarse la dosis contra la influenza para evitar mayores complicaciones de salud.

Las vacunas fueron anunciadas con bombo y platillo por el gobierno federal y por el director del IMSS, sin embargo las dosis llegaron 10 o 15 días después a los estados y municipios, hecho que reflejó la falta de planeación y sobre todo pronósticos de respuesta ciudadana.

La segunda acción que deja dudas, son las declaraciones del secretario de Hacienda del gobierno federal, al reconocer que la vacunación masiva en México será casi imposible porque no hay personal, insumos e infraestructura suficiente para lograrlo en los próximos 3 meses.

Su declaración fue el 26 de noviembre y la posibilidad de cambiarla un mes después es muy remota, pues los secretarios de Salud y Relaciones Exteriores ya reconocieron que solo podrían llegar a México en los próximos tres meses 30 millones de vacunas que no alcanzarían más que para personal médico y administrativo del sistema mexicano de salud.

La noticia, la buena nueva de la vacuna, para México será a mediano y largo plazo y si no pues a juntar dinero para lograr obtenerla en el sector privado ya que será la única forma de lograr un mejor avance.

Autor invitado.